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Rainbow Warrior – Un barco y mucho heavy metal ecologista

En 1991 el grupo de heavy metal argentino Rata Blanca publicó su tercer álbum titulado Guerrero del arco iris, que incluía en sexto lugar una canción homónima con un claro mensaje ecologista. Apenas seis años después, la banda española Avalanch incluiría en su disco La llama eterna un tema titulado «Rainbow Warrior», traducción al inglés de Guerrero del Arco Iris pero que no era una traducción de la canción de los argentinos, sino un tema completamente nuevo.

La coincidencia en los títulos de ambos temas no se debía a ningún tipo de homenaje, sino una referencia común: el Rainbow Warrior, el buque insignia de la organización Greenpeace y un hito en la historia de los movimientos ecologistas.

La historia e imagen de Greenpeace ha estado siempre muy vinculada a sus barcos desde su propia fundación: en 1971 un grupo de activistas creó la plataforma «No Make a Wave Committee» con la intención de detener las pruebas nucleares que gobiernos como el de Estados Unidos o el de Francia estaban llevando a cabo. Su nombre se debía a la creencia que tenían de que dichas pruebas podían llegar a crear un maremoto.

Algunos de los primeros activistas de Greenpeace. Fuente: Greenpeace.

Incapaces de detener las pruebas, a una de ellos, la activista Marie Bohlen, se le ocurrió que solo con la presencia física en el lugar donde se fueran a realizar unas pruebas provocaría el impacto suficiente para salir en los medios y lograr detenerlas. Así que se pusieron manos a la obra para organizar un viaje en barco hasta el atolón de Amchitka, siguiente objetivo del gobierno estadounidense.

Para recaudar fondos organizaron una serie de conciertos en los que participaron de forma completamente altruista cantautores de la talla de James Taylor, Joni Mitchell o Joan Baez. Y de esta manera consiguieron el dinero necesario para embarcarse en el Phyllis Cormack, un pequeño barco de pesca que fue rebautizado en el viaje con el nombre de Green Peace (origen del nombre de la organización).

Algunos miembros de la expedición con el Phyllis Cormack detrás, ya rebautizado como Green Peace. Fuente: The New York Times.

En cierto sentido, el viaje fue un fracaso, los marineros eran gente sin experiencia alguna, y rápidamente fueron interceptados por la guardia costera. Sin embargo, el viaje tuvo una enorme repercusión mediática y provocó una oleada solidaria que llevó incluso a que civiles bloqueasen la frontera entre Canadá y Estados Unidos como protesta. Las pruebas se celebraron, pero el gobierno estadounidense se comprometió a no realizar nuevos ensayos

Había nacido Greenpeace como movimiento, pero, ¿dónde estaba el Rainbow Warrior?

Durante el viaje del Green Peace, la tripulación hizo una parada en la costa de Canadá, donde fueron acogidos por la tribu cree, un pueblo nativo americano que, por cierto, aparece mencionado en la canción «Run to the Hills» de Iron Maiden. Al enterarse de la misión de los tripulantes, los cree los relacionaron con una leyenda suya que decía que algún día la codicia del hombre blanco provocaría la muerte de los peces, la caída de las aves, el ennegrecimiento de las aguas y la caída de los árboles. La Tierra caería enferma, pero surgiría un grupo de personas que despertarían para crear un mundo nuevo, los Guerreros del Arco Iris. Los bendijeron y les entregaron una serie de símbolos totémicos para que tuvieran protección durante el viaje. 

La canción de 1991 de Rata Blanca precisamente gira en torno a esta leyenda de los indios cree, y la letra reproduce prácticamente su contenido.

Aquel encuentro causó tanto impacto entre los primeros activistas de Greenpeace, que cuando se fletó el primer buque de la organización en 1978, un barco de pesca que compraron en el Mar del Norte, decidieron rebautizarlo como Rainbow Warrior en recuerdo de la leyenda cree.

Sin embargo, la vida del Rainbow Warrior no fue muy larga: tras encabezar algunas de las primeras y más emblemáticas acciones de la organización, se convirtió en símbolo no solo de la ONG, sino del movimiento ecologista, así que se convirtió también en objetivo de ataques. El día 10 de julio de 1985 el Rainbow Warrior se hundió a causa de un atentado que sufrió a manos de los servicios secretos franceses. Con él se llevó también la vida del periodista Fernando Pereyra, única víctima mortal de la historia de Greenpeace.

El Rainbow Warrior hundido en el puerto de Auckland (Nueva Zelanda) tras el atentado. Fuente: La Vanguardia.

Cuatro años después, en 1989, Greenpeace adquirió un nuevo buque, esta vez un gran velero, al que rebautizaron de nuevo con el nombre de Rainbow Warrior, oficialmente el Rainbow Warrior II. La trayectoria de este barco en manos de los ecologistas fue más larga que la de su predecesor, y no terminó de forma tan traumática: en 2011 fue donado a la ONG humanitaria Friendship para servir de barco-hospital en el Golfo de Bengala.

El Rainbow Warrior II. Fuente: Wikimedia.

Pero el Rainbow Warrior sigue siendo el buque insignia de la organización porque aquel mismo año, en 2011, Greenpeace botó el primer barco construido expresamente para ellos: el Rainbow Warrior III, que se encuentra actualmente en activo. Durante el acto de botadura del nuevo navío la madrina del barco y activista de la ONG, Melina Laboucan-Massimo, que además es miembro de la tribu cree, leyó de nuevo la leyenda-profecía.

El Rainbow Warrior III. Fuente: Greenpeace.

En realidad ambas canciones están dedicadas a esa leyenda cree, pero ambas incluyen referencias directas a la organización y a sus barcos: el tema de Avalanch tiene un lenguaje muy poético, sin embargo incluye versos como «Nuestra armadura lleva símbolos de paz» que parecen referirse precisamente a dichos navíos. Y es que esos símbolos totémicos que el pueblo cree entregó a aquellos primeros activistas se han conservado siempre en todos los barcos de Greenpeace como símbolos de paz, protección y suerte.

Por su parte, en el propio videoclip oficial de Rata Blanca aparecían muchas imágenes de Greenpeace, y al final del video se hace una mención a la organización a través de un texto que termina con la dedicatoria: «Rata Blanca agradece a Greenpeace y dedica este tema a todos los que saben que el tiempo de los Guerreros del Arco Iris ha llegado». No es de extrañar que sea precisamente Rata Blanca, la que dedicase ese primer tema a la organización, pues la ONG ha tenido siempre una relación muy estrecha con Argentina, y de allí son buena parte de sus socios y activistas, aunque también muchos críticos.

Pero no son estas las únicas bandas de música que han tenido relación con la organización ecologista: grupos tan importantes como R.E.M., U2 o Queen colaboraron en el pasado con Greenpeace, y más recientemente grupos de heavy metal como Gojira han mostrado públicamente su apoyo.

Por cierto, Amchitka, ese atolón al que se dirigía la primera expedición, es hoy una reserva ornitológica, mientras que los restos hundidos del primer Rainbow Warrior hoy forman parte de uno de los arrecifes artificiales más grandes del mundo.

Restos sumergidos del Rainbow Warrior. Fuente: Sailing Roots.

Referencias:

  • Mompó, M. (2015). Rainbow Warriors. Historias legendarias de los barcos de Greenpeace. Pollen.
  • Brown, M. y May, J. (1989). Historia de Greenpeace. Raíces.
  • Hunter, R. (2005). Viaje a Amchitka. La odisea medioambiental del Greenpeace. El Viejo Topo.

Lou Reed y el atentado contra Andy Warhol

Aunque no es su faceta más conocida, Andy Warhol, el rey del Pop Art, tuvo una estrecha relación con la música, y no nos referimos únicamente al diseño de célebres portadas como Sticky Fingers de los Rolling Stones (incluso alguna no tan conocida como la del Made in Spain de Miguel Bosé), sino a su papel como productor musical.

Warhol forjó una gran amistad con artistas musicales como Nico o Lou Reed. De hecho, una de sus portadas más famosas fue la de The Velvet Underground and Nico, el primer álbum de The Velvet Underground, del que Warhol fue, además, director artístico y productor.

Portada de The Velvet Underground and Nico.

Este disco vio la luz en marzo de 1967, y en 1969 Lou Reed, líder de The Velvet Underground, dedicó una canción al artista titulada «Andy’s Chest». Sin embargo, no era una canción romántica, no pretendía exaltar la amistad entre ambos, sino que se dedicaba a exponer un episodio traumático de la vida del padre del Pop Art.

La canción comienza con una serie de versos tremendamente poéticos y en los que no parece haber nada que aluda al episodio que aquí tratamos hasta que llegamos a la frase: «And all the venom snipers after you» (y todos los francotiradores venenosos detrás de ti). Si hasta ahora en la canción todo podía parecer una metáfora de la figura de Warhol como personaje público y de notable fama, de pronto aparece esa frase que alude directamente a lo que aconteció el 3 de junio de 1968.

Aquel día, el artista llegó a su estudio, la mítica The Factory, ubicada en la quinta planta de un céntrico edificio de Manhattan, y en el ascensor coincidió con Valerie Solanas. No eran desconocidos: Solanas era de sobra conocida, la escritora feminista que había publicado el Manifiesto SCUM, y que además había participado en la película del propio Warhol I, a Man. La escritora le había enviado el guion de una obra de teatro que quería que el artista produjese. Sin embargo, Warhol había rechazado la propuesta, e incluso le había confesado que había perdido el guion que le había enviado (hasta tal punto llegaba el desinterés por la obra).

Al llegar a la planta de The Factory, Warhol se adelantó y, nada más salir del ascensor, el director de cine Paul Morrisey, que colaboraba con el artista, le pasó un teléfono. Además, en el estudio se encontraban también el crítico de arte Mario Amaya y el encargado Fred Hughes. Cuando terminó la conversación por teléfono, Solanas desenfundó una pistola y comenzó a disparar contra los allí presentes: Warhol esquivó las dos primeras balas dirigidas a él, pero no la tercera, que le hirió en el costado. También Amaya resultó herido en la cadera. Hughes también fue objetivo del arma de fuego, pero consiguió esquivar la bala. Y antes de que pudieran detener a la agresora, esta se esfumó de nuevo por el ascensor.

Warhol mostrando las heridas de bala y las cicatrices de la operación durante una sesión de fotos con el fotógrafo Richard Avedon. Fuente: mauramcgurk.com

Amaya recibió el alta aquel mismo día, pero Warhol fue sometido a una operación de la que tardó varios meses en recuperarse. Por su parte, Solanas se entregó la misma noche del atentado a la policía declarándose culpable de intento de homicidio y tenencia ilícita de armas. Cuando la policía le interrogó sobre los motivos, declaró que Warhol intentaba arrebatarle su trabajo, y además, añadió, había más motivos expuestos en su manifiesto.

El Manifiesto SCUM, que había publicado el año antes de este atentado, teorizaba que los hombres sentían envidia de las mujeres. Era una especie de teoría de envidia del pene de Freud a la inversa, y afirmaba que ese era el motivo por el que los hombres oprimían y humillaban a las mujeres. Pero iba más lejos, y en su teoría apostaba por el exterminio de los hombres como única forma de acabar con el patriarcado. Quizá aquel 3 de junio de 1968 Solanas había intentado comenzar ese exterminio por el estudio de Warhol.

Valerie Solanas arrestada. Fuente: Flickr.

El artista rechazó testificar en el juicio, pero igualmente Solanas fue condenada a tres años de cárcel y trasladada a un centro psiquiátrico al serle diagnosticada una esquizofrenia paranoide. Pero ojo, porque la historia y su relación con la música no acaban aquí.

Aunque Warhol declaró en varias entrevistas que todo terminó tras aquel atentado, que nunca volvió a ser el mismo porque se sentía continuamente perdido, e incluso hay autores que usan la fecha del atentado para cerrar la denominada Edad de Plata del artista, lo cierto es que algunas de sus obras más famosas se realizaron con posterioridad a los hechos. Y entre esas obras destaca una serie de pistolas, las famosas pistolas a las que se refiere Héroes del Silencio en sus canciones «Cuadro I», «Cuadro II» y «Cuadro III», y entre las que se encuentra exactamente el modelo que empleó Solanas contra él. La obra Pistola, concretamente, data del año 1981.

Pistola, pintura de Andy Warhol (1981).

El paso de Solanas por el centro psiquiátrico no le ayudó mucho. Al salir de la prisión se dedicó a escribir cartas amenazadoras a distintas personalidades, entre ellas el propio Warhol, y acabó sus días en la pobreza, mendigando y hay quien dice que incluso prostituyéndose para poder salir adelante.

Ella tampoco se quedó sin tributo musical: en 2019 el grupo de rap español, Los Chikos del Maíz, le dedicó una canción y un videoclip bajo el título «Valerie Solanas (Stop Making Stupid People Famous)», que incluye versos como «yo Anguita, tú Amancio, yo el rancio, tú el majo / Yo Valerie Solanas disparando al imbécil de Warhol», y que termina con la frase «Dispara al famoso como Valerie Solanas». Pero antes incluso que ellos, fue el propio Lou Reed el que le había dedicado una canción a la escritora. Efectivamente, de nuevo Lou Reed.

Después de la repentina muerte de Warhol en 1987, Lou Reed se reunió con John Cale para escribir un álbum dedicado íntegramente al artista. Reed y Cale, habían fundado The Velvet Underground bajo el patrocinio de Warhol y querían rendirle un homenaje que se publicó en abril de 1990 bajo el título de Songs for Drella. En aquel disco incluyeron, en el undécimo lugar, una canción titulada «I Believe» que ya no tenía esos enigmáticos versos de la anterior «Andy’s Chest», sino que resumía de forma explícita el intento de asesinato:

Valerie Solanis took the elevator
Got off at the 4th floor
Valerie Solanis took the elevator
Got off at the 4th floor
She pointed the gun at andy saying
You cannot control me anymore

I believe there’s got to be some retribution
I believe an eye for an eye is elemental
I believe that something’s wrong if she’s alive right now

Valerie Solanis took three steps
Pointing at the floor
Valerie Solanis waved her gun
Pointing at the floor
From inside her idiot madness spoke
And bang, andy fell onto the floor

I believe life’s serious enough for retribution
I believe being sick is no excuse and
I believe i would’ve pulled the switch on her myself

When they got him to the hospital
His pulse was gone they thought that he was dead
His guts were pouring from his wounds
Onto the floor they thought that he was dead
Not until years later would
The hospital do to him what she could not, what she could not

“where were you, you didn’t come to see me”
Andy said, “i think i died, why didn’t you come to see me”
Andy said, “it hurt so much, they took blood from my hand”

I believe there’s got to be some retribution
I believe there’s got to be some retribution
I believe we are all the poorer for it now

Visit me, visit me
Visit me, visit me
Visit me, why didn’t you visit me
Visit me, why didn’t you visit me
Visit me, visit me
Visit me, why didn’t you visit me

Referencias:

Dimetry, R. (2018). 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Grijalbo.

Fahs, B. (2014). Valerie Solanas: The Defiant Life of the Woman Who Wrote Scum (and Shot Andy Warhol). City University of New York.

Riaño, P. (28/01/2018). «La pistola que no mató a Andy Warhol, pero acabó con su vida», en El Español.

Amiguet, T. (04/06/2018). «Los 15 trágicos minutos de fama de Warhol», en La Vanguardia.

A. C.. (23/02/2018). «Cuando Valerie Solanas disparó tres veces a Andy Warhol», en ABC.

La banda sonora de una revolución: La Revolución de los Claveles

Eran las 22:55 del día 24 de abril de 1974 cuando en la radio portuguesa comenzó a sonar «E depois do Adeus» interpretada por Paulo Carvalho. De pronto, centenares de militares comenzaron a tomar posiciones en distintos puntos del país, acababa de dar comienzo la Revolución de los Claveles.

Muchos años antes de que aquella canción sonase en las radios portuguesas, en 1926, en Portugal se había impuesto una dictadura militar que pretendía resolver la crisis económica e inestabilidad política a través de un gobierno de tecnócratas en el que António de Oliveira Salazar había sido nombrado ministro de Finanzas. Sin embargo, este ministro poco a poco había ido haciéndose con más y más competencias a fuerza de todo tipo de chantajes, hasta que en 1932 logró ser designado primer ministro.

Deseoso de establecer una dictadura personal y con mayor estabilidad política, Salazar articuló todo un sistema basado en una constitución, la de 1933, que le daba a él prácticamente todos los poderes y que imponía un sistema de partido único, la Unión Nacional fundada por el propio Salazar, a imitación del modelo fascista italiano. Nacían así el llamado Estado Novo y el salazarismo que rigieron Portugal durante más de cuarenta años. De hecho, la dictadura portuguesa fue la más longeva de las dictaduras de Europa occidental, pues gozó de una gran estabilidad durante prácticamente todo el mandato de Salazar.

António de Oliveira Salazar fotografíado en 1940. Fuente: Wikimedia.

Sin embargo, la dictadura sobrevivió al propio Salazar, que perdió la vida en 1968, tomando el relevo un nuevo político, Marcelo Caetano, que trató de mantener vivo el Estado Novo creado por su predecesor. Pero todo tocaría a su fin el día en que sonase por la radio aquella canción… «E depois do Adeus».

Aquella canción había representado a Portugal en el Festival de Eurovisión celebrado apenas unas semanas antes en Brighton (Reino Unido). Aunque el tema había quedado en último lugar empatado con otros tres países, el destino le había reservado un papel mayor en la historia del que cabía imaginar hasta ese momento. Y es que la canción era en realidad una señal que habían consensuado los soldados partidarios de derrocar la dictadura para comenzar una insurrección pacífica que diera inicio a un proceso democrático. Era la señal para estar prevenidos.

Al haber participado poco tiempo antes en el festival y estar tan de moda, la canción emitida por Emissores Associados de Lisboa, pasó completamente desapercibida a los oídos de las autoridades. Pero quienes sabían que se trataba de algo más que una canción se pusieron en marcha.

La segunda señal llegó apenas dos horas después, y de nuevo en forma de una canción emitida por una radio, concretamente Rádio Renascença, la radio de la Iglesia Católica en Portugal. El tema que sonó fue «Grândola, Vila Morena», y a diferencia del primero, este no pasó desapercibido porque se trataba de una canción expresamente prohibida por el régimen. «Grândola, Vila Morena» era una canción del cantautor José Afonso, también conocido Zeca Afonso, perseguido por las autoridades salazaristas por sus ideas progresistas contrarias a la dictadura.

La letra de la canción se compuso como un homenaje a la Sociedad Musical Fraternidad Operaria Grandolense, del municipio de Grândola, al sur de Portugal. José Afonso quedó impresionado por los principios de solidaridad e igualdad del lugar y quiso dejarlos por escrito. Sin embargo, el régimen tachó el tema de comunista y procedieron a su censura.

Grândola, Vila Morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade

Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, Vila Morena

Em cada esquina, um amigo
Em cada rosto, igualdade
Grândola, Vila Morena
Terra da fraternidade

Terra da fraternidade
Grândola, Vila Morena
Em cada rosto, igualdade
O povo é quem mais ordena

À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola, a tua vontade

Grândola, a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

Pero existían más motivos por los que fue esa la canción escogida por los militares demócratas: poco antes del levantamiento militar, a finales de marzo de 1974, la cantante de fado Amalia Rodrigues, cerró un concierto en Lisboa con este tema ignorando la prohibición, y entre el público se encontraban algunos oficiales del Movimento das Forças Armadas, la organización clandestina crada por los militares contrarios al régimen que encabezó el golpe militar de 1974. Impresionados por el gesto y la canción, ese mismo día el Movimento das Forças Armadas decidió adoptarla como contraseña para el levantamiento que estaban preparando.

Amalia Rodrigues durante una actuación en 1969. Fuente: Wikimedia.

Convencer a los gestores del programa radiofónico Limite de Rádio Renascença de quebrantar la ley emitiendo una canción prohibida resultó fácil, pues también ellos eran contrarios a la dictadura y partidarios de la apertura de un proceso democrático. Así, la madrugada del 25 de abril, a las 00:20 la voz de José Afonso entonó su tema en las radios portuguesas. Y al son de la canción prohibida, los militares salieron a las calles para tomarlas y tomar posiciones en puntos estratégicos de Lisboa. Aunque ellos mismos pidieron a la población civil que no saliera de sus casas, el pueblo ignoró su petición y comenzó a sumarse y mezclarse con los militares con sus claveles como símbolo de aquel movimiento pacífico.

Mujer poniendo un clavel en el cañón del rifle de un militar. Fuente: lareplica.es.

La, a partir de entonces, conocida como Revolución de los Claveles se convirtió en uno de los mayores ejemplos de insurrección pacífica y democrática de la historia de la humanidad, y «Grândola, Vila Morena» se coreó en distintos momentos del proceso y en distintos puntos de la ciudad, asociándose el final de la dictadura y la asunción de la democracia en Portugal. Tanto es así, que en la actualidad «Grândola, Vila Morena» se ha convertido en un himno democrático que ha trascendido aquel acontecimiento y las fronteras portuguesas y cada cierto tiempo podemos volver a escucharla en distintas manifestaciones y movimientos pacíficos.

Referencias

  • Carcedo, Diego (1999). Fusiles y claveles. La Revolución del 25 de abril en Portugal. Temas de Hoy.

Mr. Crowley: La larga sombra de un ocultista en la historia de la música

Pocas veces una persona ajena al mundillo ha tenido tanta influencia sobre la escena musical. Pero llama aun más la atención cuando hablamos de un ocultista.

Mr. Crowley, what went on in your head?

Así comienza la canción «Mr. Crowley» de Ozzy Osbourne, dedicada precisamente al personaje que tratamos hoy: Edward Alexander Crowley, más conocido como Aleister Crowley.

Aleister Crowley en 1912. Fuente: Wikimedia

Se hace realmente complicado definir a Aleister Crowley o su obra, pues fue alquimista, escritor, filósofo, poeta, pintor, mago y hasta alpinista. Nacido en Reino Unido en 1875, se crió en el seno de una familia muy religiosa, de hecho su padre era un predicador puritano, y en un ambiente que él mismo definió como represivo. Fue su ingreso en el Trinity College de Cambridge, lejos de su familia, lo que le hizo gozar de una nueva libertad que lo llevó a una reacción contra todo lo relacionado con el cristianismo.

Así, hacia finales del siglo XIX, ingresó en el Templo de Isis-Urania, perteneciente a la Orden Hermética de la Aurora Dorada, una sociedad secreta dedicada a la alquimia y la cábala que practicaba el esoterismo y la magia. Allí aprendió mucho sobre ocultismo y esoterismo, pero no compartía algunos preceptos y llegó incluso a enfrentarse a otros miembros, así que poco tiempo después abandonó la sociedad y creó su propio grupo: Astrum Argentum.

Aleister Crowley durante una ceremonia en 1912. Fuente: Wikimedia.

A partir de entonces comenzó a dar forma a una doctrina filosófica y religiosa que aunaba influencias de todo tipo de magias, de la cábala e incluso del yoga: la Thelema. Esta teoría tuvo una enorme repercusión en el mundo del esoterismo y el ocultismo, e incluso inspiró movimientos contraculturales, hasta tal punto que se le considera un precursor del movimiento hippie. Y aunque la música fue uno de los pocos campos que no tocó este personaje tan polifacético, fue uno de los ámbitos en los que más influyó.

Uno de sus vínculos más conocido en el mundo musical es su aparición en la portada del mítico álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles. Es cierto que aparece muchísima gente en esa portada, pero es que los propios Beatles reconocieron en varias entrevistas que todos esos personajes estaban ahí porque eran «nuestros héroes» (en palabras de Paul McCartney) y porque son personas que «nos gustan y admiramos» (según Ringo Starr). En distintas declaraciones públicas los miembros de The Beatles se reconocieron admiradores del ocultista británico, así que no es extraño que decidieran incluirlo como uno más entre la actriz Mae West y Sri Yukteswar Giri, un gurú hindú.

Portada de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles (1967). Rodeado en rojo Aleister Crowley.

Y The Beatles no son los únicos que decidieron incluirlo en el diseño gráfico de un álbum. Tan solo tres años después de la publicación de Sgt. Pepper’s, The Doors publicó un disco recopilatorio con el título 13, y en la contraportada aparecían los miembros del grupo con Jim Morrison en el centro apoyado sobre una especie de busto de Crowley.

Contraportada de 13 de The Doors. Fuente: Pinterest.

Otro músico que ha reconocido seguir las enseñanzas de Aleister Crowley e incluso introdujo algunas de ellas en sus primeros álbumes es Marilyn Manson, lo cual tampoco sorprende teniendo en cuenta la amistad del cantante estadounidense con el fallecido ocultista Anton Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de Satán y seguidor también de la doctrina de Crowley.

La lista de músicos que se han inspirado en este personaje para sus composiciones es infinita: David Bowie, Danny Carey, batería de la banda de metal progresivo Tool; el grupo de black metal polaco Behemoth, los miembros de Manic Street Preachers, los de Can, los de Iron Maiden, el ya citado Ozzy Osbourne… Sin embargo, si un grupo de música recibió la influencia de Aleister Crowley, ese fue sin duda Led Zeppelin. Más concretamente, su fundador y guitarrista, Jimmy Page.

Jimmy Page nunca conoció al ocultista. El guitarrista nació en 1944 y Crowley murió solo tres años después a causa de una bronquitis. Pero eso no impidió que se convirtiese en una especie de «padre metafísico ausente» desde que comenzó a leer sus obras a los quince años. Sin haber terminado el colegio, Page ya había leído obras tan complejas como Magick in Theory and Practice del fallecido Crowley.

Jimmy Page durante un concierto en 1983. Fuente: Wikimedia.

Muchos de sus conocidos y amigos han definido la relación de Page con Crowley como una auténtica obsesión. En los inicios de su carrera era común encontrarlo en los descansos de ensayos y conciertos leyendo fragmentos de sus obras, y cuando le interrogaban al respecto, era habitual la respuesta «Oh, no lo entenderías. No eres lo suficientemente inteligente». En varios discos de la banda se incluyeron referencias a la teoría de la Thelema, tanto en las letras como en el aparato gráfico, a iniciativa de Page.

Buena parte de la fortuna que hizo el guitarrista con Led Zeppelin la dedicó a hacerse con objetos de la vida y obra de Crowley. Incluso el propio Page llegó a abrir una librería y editorial especializada en ocultismo, The Equinox Booksellers and Publishers, con la que editó algunas obras del filósofo/poeta/alpinista. Aunque si algo relaciona a Page y Crowley, eso es sin duda Boleskine House.

Boleskine House es una mansión del siglo XVIII al sudeste del Lago Ness, en Escocia. Esta fue adquirida en 1899 por Aleister Crowley para llevar a cabo allí sus rituales thelemistas. Según cuenta la leyenda, uno de esos rituales se quedó a medio hacer, de forma que Crowley dejó libres por la casa a una serie de demonios que había invocado. Esta leyenda se vio reforzada por una serie de acontecimientos que se sucedieron en la misma vivienda: suicidios, intentos de asesinato, accidentes y toda clase de despropósitos que fueron creciendo conforme la historia pasaba de boca en boca.

Boleskine House. Fuente: Jimmy Page. La biografía definitiva.

La Boleskine House se rodeó de un halo oscuro que repelió durante mucho tiempo a los vecinos de la finca, hasta que en 1970 fue adquirida por un nuevo propietario. Efectivamente, Jimmy Page compró la vieja casa de Aleister Crowley, según él mismo porque se sentía fascinado por lo desconocido, y porque creía que la experiencia de vivir donde había vivido su padre espiritual le podría ayudar a comprender mejor su filosofía.

Curiosamente no fue así a juzgar por el poco tiempo que pasó el guitarrista en la casa. Las continuas giras y ser poseedor de otras viviendas le llevaron a encargar el cuidado de la casa a su amigo Malcolm Dent, quien declaró haber vivido todo tipo de experiencias paranormales allí (voces, movimientos de sillas, apariciones fantasmales, golpes en puertas…), llegó incluso a afirmar que allí vivía el mal. Sin embargo, los siguientes propietarios de la mansión, la familia MacGillivray, siempre dijeron que no habían vivido ninguna experiencia similar, pero eso no evitó que la leyenda en torno a la maldición de Boleskine hiciera de nuevo su aparición cuando la casa ardió el 23 de diciembre de 2015 y, de nuevo, el 31 de julio de 2019.

Con todo, es muy probable que la maldición haya sido algo exagerada. De hecho, y volviendo al plano musical, a menudo se ha dicho que casi todo el cuarto disco de Led Zeppelin, incluyendo temas tan emblemáticos como «Stairway to Heaven», fueron compuestos en dicha mansión, e incluso se ha hablado de momentos de posesión por parte de los músicos que llevaron a tales composiciones. Sin embargo, en realidad el disco se grabó durante una estancia del grupo en Headley Grange, otra mansión que sirvió de hospicio, y las posesiones probablemente guardaban más relación con el consumo de LSD, heroína y cocaína que con espíritus. Quizá esto forme parte de toda la leyenda en torno a Led Zeppelin y la venta de sus almas al diablo a cambio de éxito, un bulo que ellos mismos trataron de no desmentir por los enormes beneficios que les reportaba que se hablase del grupo incluso en esos términos.

En cualquier caso, aunque la casa no inspirase a Jimmy Page, está claro que la figura de Aleister Crowley fue un eje fundamental tanto en su vida como en su obra, tal y como lo fue para otros muchos músicos aun cuando la música fuera uno de los escasos campos inexplorados por este ocultista y filósofo.

Referencias:

  • Salewicz, Ch. (2019). Jimmy Page. La biografía definitiva. Timun Mas.
  • Symonds, J. (2008). La gran bestia. Vida de Aleister Crowley. Siruela.
  • Norman, P. (2017). Paul McCartney. La biografía. Malpaso ediciones.
  • Marchi, S. (2014). Room Service. La escandalosa vida de las estrellas de rock. Planeta.
  • Martínez Galiana, J. (1997). Satanismo y brujería en el rock. La Máscara.

Tubular Bells – Mike Oldfield y el Hombre de Piltdown

En 1973 el músico y compositor británico Mike Oldfield terminó su primer álbum: Tubular Bells. Sin embargo, el propio autor no terminó muy contento con su trabajo y, para manifestarlo, dedicó una canción a un “fósil”: El hombre de Piltdown.

Tubular Bells es, sin duda, una de las obras más conocidas de Oldfield (quizá porque parte de él sirvió para crear la icónica banda sonora de El exorcista). Sin embargo, Mike Oldfield tenía solo diecisiete años cuando lo compuso y era su primer álbum, su debut.

Portada de ‘Tubular Bells’ (1973).

Para comprender los orígenes del enfado de Oldfield, debemos presentar al segundo protagonista de esta historia: Richard Branson. El excéntrico multimillonario británico, propietario de la marca Virgin, fue quien apostó antes que nadie por Oldfield, brindándole la oportunidad de publicar su primer álbum. Sin embargo, no llegaron a conectar del todo. De hecho, desde el principio Branson no paraba de inmiscuirse en el trabajo de composición, proponiendo continuos cambios al joven, que no terminaba de sentirse cómodo trabajando con el empresario ni con el resultado de su trabajo.

Treinta años después de la publicación del álbum, en 2003, así lo manifestaba el propio Oldfield: «Lo cierto es que nunca me sentí plenamente satisfecho del resultado, ni con el sonido en general ni con la manera de tocar. Siempre creí que podría haber sido mucho mejor».

Mike Oldfield (izquierda) y Richard Branson (derecha) en el estudio de grabación. Fuente: The Guardian.

Una de las cosas que más incomodó al compositor fue la continua petición de Branson de introducir partes vocales en el disco. Eso no encajaba con su idea original: hacer un disco puramente instrumental. Pero tuvo que ir cediendo en algunas cosas. Y aunque esa era una línea que no parecía dispuesto a cruzar, finalmente aceptó introducir partes vocales, de forma que en el disco se pueden escuchar coros. Aunque eso sí, no dicen absolutamente nada. No hay letra.

Pero esto seguía sin contentar a los de Virgin y siguieron presionando a Oldfield. Un poco harto de la situación, el compositor encontró una salida que le sirviese como protesta, y escribió un pasaje de la parte II del disco con el título «The Piltdown Man».

Pero ¿qué es el hombre de Piltdown?

El hombre de Piltdown fue un supuesto fósil hallado en 1908 en Inglaterra que podría haber sido el famoso eslabón perdido y que habría situado a Gran Bretaña en un punto muy interesante de las investigaciones sobre la evolución humana al convertirse en el fósil más antiguo conocido hasta el momento.

Reconstrucción del cráneo del Hombre de Piltdown. Fuente: National Geographic.

Sin embargo, había algo que no encajaba a muchos investigadores: la mandíbula y el cráneo parecían de especies distintas. Aunque algunos llamaron la atención sobre este hecho, el fósil fue mundialmente conocido y existió cierto consenso en su veracidad hasta mediados del siglo XX. Fue entonces cuando algunos científicos tuvieron acceso a los restos y, tras un concienzudo análisis, descubrieron que se trataba en realidad de un fraude: alguien había unido la mandíbula de un orangután a un cráneo humano medieval. En definitiva, uno de los mayores escándalos de la historia de la ciencia.

Oldfield, cansado de lidiar con las presiones de la discográfica, tomó al hombre de Piltdown como referencia y, una noche de borrachera, decidió grabarse él mismo reproduciendo los sonidos que ese híbrido extraño habría producido. El lenguaje que podría haber hablado esa especie inventada. Y el resultado fue este pasaje en el que la música está acompañada por gruñidos y cosas ininteligibles.

De forma que al menos una parte de uno de los álbumes más conocidos de la historia de la música, se debió al alcohol y a un cabreo monumental. El tema de las drogas y el alcohol, que parece que siempre forma parte de la leyenda, en este caso está confirmado por el propio Mike Oldfield, que en una entrevista que conceció en 2014 a The Guardian, lo expresó así: «No tendríamos todas esas bonitas canciones como Lucy in the Sky with Diamonds [curiosamente una canción que dio nombre a otro fósil] y probablemente no tendríamos Tubular Bells sin drogas».

Curiosamente, a pesar de todos los cabreos de Oldfield con su productor, la relación con Virgin continuó hasta 1991, cuando se publicó el álbum Heaven’s Open aún con el sello de Branson. Su siguiente disco se publicaría ya en 1992 con Warner y llevaría por título, precisamente, Tubular Bells II. No obstante, aún en 2012 Oldfield volvería al redil de Virgin, ya entonces Virgin EMI Records, para publicar en 2014 Man on the Rocks.

Con drogas, gruñidos simiescos y un productor cabezota de por medio, el 25 de mayo de 1973 salió a la luz este primer álbum que, como dijimos, no contentó a su autor y que, sin embargo, se ha convertido en objeto de culto para los fans del rock progresivo.

Referencias

Benito, D. (2017). Historias de la Prehistoria. La Esfera de los Libros.

Ad Absurdum (2019). El Hombre de Piltdown. El fraudulento Brexit evolutivo.

Lester, P. (2014). “Mike Oldfield: ‘We wouldn’t have had Tubular Bells without drugs’“, en The Guardian.

53 Nations – Heaven Shall Burn y las Brigadas Internacionales

So many sons and daughters, poised to attack,

Born in distant fatherlands

Marching under the heavens of Spain

Así comienza la canción de Heaven Shall Burn «53 Nations»: Tantos  hijos e hijas, preparados para atacar. Nacidos en patrias lejanas, marchando bajo los cielos de España. De entrada, podría parecer sorprendente que un grupo de metalcore o death metal alemán comience una canción con estos versos, pero en realidad la sorpresa se disipa en cuanto conocemos a los componentes de Heaven Shall Burn y a qué se refiere la canción.

Portada del álbum ‘Veto’ (2013) de Heaven Shall Burn. La canción “53 nations” es la penúltima del disco.

Estos alemanes nunca han ocultado su simpatía por movimientos progresistas, dedicando canciones a personalidades como Salvador Allende o Víctor Jara, e incluyendo mensajes en sus letras en contra del racismo o el fascismo y en favor de los derechos de los animales, mensajes ecologistas y en apoyo a distintas causas solidarias. Pero ¿qué tiene todo esto que ver con España y con esta canción?

Comencemos por el título: 53 naciones son el total de procedencias de los voluntarios que integraron las Brigadas Internacionales que acudieron a España durante la Guerra Civil para apoyar al bando republicano. Pero si todo esto no te suena de nada, permítenos hacer una pequeña contextualización:

Nos trasladamos a la década de los treinta, un momento en que la crisis provocada por el Crac del 29 en Estados Unidos ha agravado la situación económica de los países participantes en la Primera Guerra Mundial. La sociedad, desconfiando de la democracia liberal, se polariza en favor de los movimientos comunistas, que tienen como referente la recién nacida Unión Soviética, y los movimientos de corte fascista, que han llegado al poder en Italia (1922), Portugal (1932) y Alemania (1933).

En España, una parte del ejército y las élites burguesas conservadoras se han puesto de acuerdo para dar un golpe de Estado contra el gobierno republicano. Un golpe que pretendía hacerse con el poder en poco tiempo pero que, fracasando en buena parte del territorio español, ha dado lugar a una guerra que se alargará durante tres años (1936-1939).

En este contexto, el gobierno de la República española lanza varias peticiones de ayuda a la comunidad internacional. Sin embargo, por aquel entonces Reino Unido y Francia trataban de contener a la Alemania nazi a través de una política de apaciguamiento, motivo por el cual Francia propuso la creación del Comité de No Intervención, que inmediatamente fue apoyado por Reino Unido, con el fin de evitar la intervención extranjera en el conflicto español. Su intención era evitar una guerra a gran escala entre las democracias europeas y los nuevos países fascistas. Sin embargo, Alemania, Italia, Portugal y la Unión Soviética rechazaron el acuerdo.

Esto benefició enormemente al bando sublevado, que se convirtió en el principal receptor de la ayuda internacional, mientras las democracias daban la espalda a España. Ante esto, la Unión Soviética, al frente de la Internacional Comunista, lanzó un llamamiento a voluntarios de todo el mundo a la que respondieron personas de ese total de 53 naciones que dan título a la canción.

And without fear go to the barricades

Brothers and sisters in arms

Y, sin miedo, id a las barricadas, hermanos y hermanas en armas.

La organización de esas brigadas de voluntarios no fue ni mucho menos algo improvisado, sino que estuvo perfectamente organizado, en especial por parte del Partido Comunista Francés y su dirigente André Marty. En distintos países los partidos comunistas, coordinados desde Moscú, montaron oficinas de reclutamiento y pusieron los medios necesarios para el transporte, armamento y adiestramiento de personas que, en su mayoría, no tenían experiencia militar.

El 12 de octubre de 1936 llegó a Alicante el primer barco con 500 voluntarios que, desde allí fueron conducidos en tren hasta Albacete. Esta ciudad se convertiría a partir de entonces en la sede de las Brigadas Internacionales, donde se procedería a la formación y adiestramiento de estos voluntarios.

Bandera de las Brigadas Internacionales.

Esta fue, a juicio de muchos brigadistas y autores posteriores, el momento en que muchos de aquellos voluntarios se desilusionaron, ya que la formación era especialmente disciplinada, y pasaba no solo por una preparación física y técnica, sino también por una formación ideológica, ya que la máxima comunista era que un soldado solamente lucharía bien si sabía perfectamente por qué estaba combatiendo. Muchos de ellos, al emprender el viaje, no esperaban tener que pasar por tal preparación ni atender a una disciplina tan rígida.

La mayor parte de quienes vinieron a España a luchar de forma voluntaria lo hicieron motivados por el ideal de la lucha antifascista, que los hizo viajar desde lugares tan lejanos como Estados Unidos, Colombia, China, Chile, Brasil, Irak o Nueva Zelanda. Muchos de ellos, aunque dirigidos y adiestrados por partidos comunistas, no eran adeptos a esta ideología, sino que su único objetivo era frenar el ascenso del fascismo en Europa, y en muchos casos se trataba de extranjeros, como alemanes o portugueses, que ya habían perdido este combate en sus países de origen, de hecho el mayor contingente lo suponían voluntarios italianos. Quizá por ello la canción haga esta aseveración:

This is the reckoning

Now only hatred fills our hearts

Raising the colours of freedom

Esto es el ajuste de cuentas, sentencia el primer verso de la estrofa.

Brigadistas en 1937. Fuente: Wikipedia.

El total de brigadistas que llegaron a España a luchar sigue siendo objeto de debate: si bien hasta hace algún tiempo se hablaba de cifras por encima de los 50.000, a día de hoy los principales autores no le dan más de 41.000, muy por debajo de las cifras de soldados extranjeros que asistieron a las fuerzas rebeldes por parte de Italia y Alemania. Y a pesar de no ser un número elevado, los brigadistas sí que presentaron un porcentaje de bajas (15 por ciento) muy superior al del resto de cuerpos que participaron en el conflicto (6 por ciento).

In ruthless fights, I saw my best friends die

Now buried far away, so far away from home,

Lionhearted soldiers, no one shall forget their names

En luchas despiadadas, vi morir a mis mejores amigos. Ahora, enterrados lejos, muy lejos de casa. Soldados con corazón de león, nadie olvidará sus nombres.

Muchos autores explican el elevado número de bajas por su grado de implicación en el combate. Precisamente ese idealismo al que antes hicimos referencia les habría llevado a convertirse en la principal fuerza de choque del bando republicano, interviniendo en algunas de las batallas más duras de todo el conflicto.

Understanding what the world still had to learn

No mercy to the villains,

Defending the republic infected by a fascist pestilence

Entendiendo lo que el mundo aún no había entendido, sin piedad para los villanos, defendiendo la república infectada por una pestilencia fascista.

Pero fue precisamente esa determinación antifascista la que les valió un recuerdo en la memoria colectiva no solo de los españoles, pues la imagen de los brigadistas se ha convertido en un tema muy explotado en otros países de Europa, así como en Estados Unidos. No en vano, en este caso se trata de un grupo alemán que se hace eco de ellos.

Sin embargo, a juicio de autores como Anthony Beevor, esta explotación ha supuesto una cierta deformación de la realidad histórica. Así, por ejemplo, a menudo se alude a los miembros de las Brigadas Internacionales como intelectuales de clase media, pero esto es más un tópico romántico que una realidad. El propio Beevor recoge datos que contradicen esta idea, como por ejemplo el hecho de que el 80 por ciento de los voluntarios procedentes de Gran Bretaña fueran obreros manuales desempleados en el momento en que se sumaron a la causa. Esto, desde luego, no debe suponer un descrédito para ellos o su causa, todo lo contrario.

This righteous fight reveals your shame,

Delivered to oblivion, those who fought a horrid beast

Homecoming held no glory and silence covers ours tombs

Scorned and despised, left and denied, but still do I defy

Las últimas brigadas fueron reagrupadas y disueltas a lo largo de la segunda mitad de 1938, y tras la disolución muchos brigadistas fueron considerados poco más que mercenarios de vuelta a casa, de ahí esa mención en la canción: el regreso a casa no tuvo gloria y el silencio cubre nuestras tumbas. Obviamente esto no fue así en los países comunistas, donde lejos de ser mal vistos, fueron condecorados como héroes, pero en otros lugares no gozaron de esa consideración. Despreciado, abandonado y rechazado, que dice la canción. En muchos países no fueron reconocidos hasta tiempos recientes

Desfile de despedida a las Brigadas Internacionales en Barcelona en octubre de 1938. Fuente: Wikipedia.

Tanto es así, que para algunos suponía un problema la vuelta a casa: obviamente aquellos que provenían de países bajo una dictadura fascista, pero también otros procedentes de países como Canadá sabían que deberían responder ante leyes que penaban el haberse unido a un conflicto armado que no contaba con respaldo estatal y que, en consecuencia, serían juzgados. En muchos de estos casos, los brigadistas optaron por pedir auxilio en terceros países o bien continuar con su lucha antifascista en otros puntos, en especial sumándose a la Segunda Guerra Mundial en cuanto esta estalló.

La canción termina con un alegato puesto en boca de los brigadistas que, conociendo a Heaven Shall Burn, no pretende únicamente servir de homenaje a estos combatientes, sino también de motivación para la lucha antifascista en la actualidad.

I still resist and fight your apathy,

And still I fight

La canción

La canción en el canal oficial de YouTube de Heaven Shall Burn

Bibliografía

Beevor, A. (2011). La guerra civil española. Planeta.

Payne, S. (2011). ¿Por qué la República perdió la guerra? Espasa.

Preston, P. (2017). La guerra civil española. Debolsillo.

Preston, P. (2008). Idealistas bajo las balas. Debolsillo.

Thomas, H. (2010). La guerra civil española. Debolsillo.

Tusell, J. (2012). Historia de España en el siglo XX. 2. La crisis de los años treinta: República y guerra civil. Taurus.

Al alba – Los últimos ejecutados del Franquismo

Al alba es una canción original del cantautor recientemente fallecido Luis Eduardo Aute. Aunque él la interpretó en varios álbumes y directos, sus versiones a cargo de otros artistas como Rosa León (para quien fue escrita originalmente) o José Mercé son, probablemente, más conocidas.

Aute y Rosa León en 1974. Fuente: Imagen recortada de la Agencia EFE.

Aunque tradicionalmente se ha atribuido a esta canción una relación con las últimas ejecuciones llevadas a cabo por el régimen franquista. Lo cierto es que el propio Aute negó que se escribiera con ese significado. De hecho, la primera grabación de la canción data de 1974, el año antes de que se realizasen los fusilamientos. En distintas entrevistas, como la que concedió a El Español en 2016, reconoció que en realidad era una canción de amor sin ningún significado político, que había intentado previamente escribir una canción contra la pena de muerte y no lo había conseguido. En realidad fue precisamente Rosa León la que encontró en la letra ciertos paralelismos, y por ello la dedicó durante un concierto en 1975 a los protagonistas de la historia de hoy en un momento especialmente delicado para la historia de España. Pero ¿de qué estamos hablando? ¿Cuál era ese contexto? ¿Quiénes fueron esos últimos ejecutados?

Los antecedentes

En los últimos años de la dictadura franquista, la actividad terrorista experimentó un ascenso de mano de grupos como ETA, el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), los Guerrilleros de Cristo Rey o la Triple A. Fue la actividad de estos grupos terroristas la que llevó al régimen a promulgar una nueva Ley Antiterrorista en agosto de 1975, mucho más dura que la anterior y que se englobaba dentro de la política de endurecimiento que aplicó la dictadura en sus últimos años.

En virtud de este nuevo texto, todos los procesos terminaron en consejos de guerra ordinarios y sumarísimos que se celebraron a mediados de septiembre en Burgos, Madrid y Barcelona, y de los que resultaron varios condenados a muerte. Décadas después, testigos de los procesos y familiares de los jueces reconocerían públicamente haber recibido muchas presiones para que ese fuera el resultado, y sacaron a la luz torturas y todo tipo de irregularidades cometidas durante los procesos. Algunas de esas torturas fueron relatadas por los condenados en sus cartas, y algunos de ellos mantuvieron hasta el último momento su inocencia.

¿Quiénes eran los condenados a muerte?

En los procesos fueron muchos los simpatizantes y miembros de ETA y el FRAP los que pasaron por el banquillo, pero finalmente la sentencia a muerte afectó a once:

José Antonio Garmendia Artola y Ángel Otaegui Etxebarria, miembros de ETA condenados a muerte por un atentado terrorista que acabó con la vida de un guardia civil en abril de 1974.

José Antonio Garmendia Artola y Ángel Otaegui Etxebarria, miembros de ETA condenados a muerte por un atentado terrorista que acabó con la vida de un guardia civil en abril de 1974.

Manuel Cañaveras de Gracia, Concepción Tristán López, María Jesús Dasca Pénelas, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, miembros del FRAP, fueron condenados a muerte por el asesinato de un guardia civil en Madrid.

Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar y José Humberto Baena Alonso, militantes del FRAP, fueron condenados a muerte por un atentado contra un policía también en Madrid.

En las semanas siguientes a los procesos, el régimen atendió a las peticiones de conmutación de penas a muerte por penas de prisión de seis de ellos, de forma que finalmente serían ejecutados cinco: Ángel Otaegui, Juan Paredes Txiki, José Luis Sánchez, Ramón García y José Humberto Baena.

Portada de La Stampa italiana del sábado 27 de septiembre de 1974 que casualmente emplea la expresión “Al Alba”.

Aquel septiembre de 1975 la noticia de las inminentes ejecuciones trascendió las fronteras españolas, y de ellas se hicieron eco periódicos, radios y televisiones de todo el mundo. En distintas ciudades de Europa, Estados Unidos y América Latina se sucedieron protestas pidiendo clemencia para los condenados. Quince países retiraron a sus embajadores, presidentes como el de México o el de Suecia pidieron directamente a Franco que se les perdonase la vida, e incluso México pidió la expulsión de España de la ONU. También el papa Pablo VI pidió clemencia junto a todos los obispos españoles, como también lo hicieron Juan de Borbón e incluso el hermano del Caudillo, Nicolás Franco.

El 26 de septiembre de 1975 se reunió el Consejo de Ministros durante tres horas y media y acordaron ignorar la presión internacional y llevar a cabo las ejecuciones previstas para la mañana del día siguiente.

La ejecución

De vuelta a los versos de Aute, sería realmente absurdo tratar de hacer un análisis pormenorizado de la canción a sabiendas de que se compuso sin relación alguna con las ejecuciones. Sin embargo, atendiendo a la letra de Al alba se hace difícil no pensar que no se escribiera originalmente para describir las circunstancias de los presos en aquella noche entre el 26 y el 27 de septiembre de 1975.

Si te dijera, amor mío,
Que temo a la madrugada,
No sé qué estrellas son estas
Que hieren como amenazas,
Ni sé qué sangra la luna
Al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche
Vendrá la noche más larga,
Quiero que no me abandones
Amor mío, al alba.

Los hijos que no tuvimos
Se esconden en las cloacas,
Comen las últimas flores,
Parece que adivinaran
Que el día que se avecina
Viene con hambre atrasada.

Miles de buitres callados
Van extendiendo sus alas,
No te destroza, amor mío,
Esta silenciosa danza,
Maldito baile de muertos,
Pólvora de la mañana.

Esa referencia a la noche, el temor a la madrugada e incluso la pólvora de la mañana. Tanto parece relacionarse con las ejecuciones, que precisamente uno de los versos del estribillo (vendrá la noche más larga), sirvió para titular una película sobre ellos: La noche más larga (1991), dirigida por José Luis García Sánchez.

Portada de ABC el día 27 de septiembre de 1975. Fuente: Hemeroteca de ABC.

Todos ellos fueron ejecutados la mañana del sábado 27 de septiembre de 1975 en un camino forestal de Barcelona uno, en la cárcel de Burgos otro y en el campo de tiro militar de Madrid los otros tres. Los verdugos fueron policías y guardias civiles voluntarios, y además otros voluntarios acudieron para jalear según confesó un cura testigo de las tres ejecuciones de Madrid. Al parecer, la noche antes, Franco pidió que no lo despertaran bajo ningún concepto la mañana de aquel sábado.

Curiosamente, en una de las cartas de despedida que redactaron los condenados, Baena escribió unas palabras que supuestamente había pronunciado en el juicio: «que mi muerte sea la última que dicte un tribunal militar».

¿Fueron los últimos condenados a muerte?

Sí, sin duda estos cinco fueron los últimos condenados a muerte por el franquismo, y también los últimos de España, aunque la pena de muerte no sería abolida definitivamente hasta la aprobación de la Constitución de 1978 en materia civil, y en 1995 desaparecería también del código penal militar.

Sin embargo, a menudo aparecen publicaciones en periódicos, blogs y demás que hacen alusión a otras personas ejecutadas en distintas circunstancias durante los últimos años del franquismo y se habla de ellas como los últimos ejecutados o condenados a muerte. ¿Quiénes son?

Entre estas personas destacan Salvador Puig Antich, anarquista involucrado en un tiroteo que acabó con la vida de un policía, y Heinz Chez, sobrenombre de Georg Michael Welzel, autor de un asesinato sin motivaciones políticas aparentes. Ambos fueron ejecutados el 2 de marzo de 1974 y fueron los últimos condenados a muerte por medio del garrote vil. A partir de entonces las ejecuciones se llevarían a cabo a través de fusilamientos.

Y la considerada como última víctima mortal del régimen fue Javier Verdejo Lucas, militante de la Joven Guardia Roja de España, que murió el 14 de agosto de 1976, casi un año después de los protagonistas de esta historia, pero a diferencia de ellos no pasó por juicio alguno, sino que fue tiroteado por un guardia civil al ser descubierto realizando un grafiti.

Tras las ejecuciones

Al día siguiente, el régimen organizó una concentración en la plaza de Oriente de Madrid que pretendía transmitir una imagen de apoyo a la dictadura ante la opinión extranjera. De forma que la multitud legitimara la decisión tomada.

Lo que no sabía el franquismo era que al firmar aquellas condenas a muerte había firmado en buena medida la suya propia. Aquello fue la puntilla que decantó definitivamente la posición de la comunidad internacional en el proceso que se abriría apenas un par de meses después con la muerte del propio Francisco Franco, la Transición española.

Versiones del tema

Rosa León (versión original)

Aute (autor del tema)

Ana Belén

Mecano

José Mercé

Zahara y Fernando Lobo

Eco (grupo de metal)

Bibliografía:

Baby, S. (2018). El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982). Akal.

Fontana, J. (1986). España bajo el franquismo. Crítica.

Preston, P. (2017). Franco. Caudillo de España. Debolsillo.

Sánchez Soler, M. (2018). La transición sangrienta. Una historia violenta del proceso democrático en España (1975-1983). Atalaya.

Tusell, J. (2007). La transición a la democracia (España, 1975-1982). Espasa.

Álvarez, R. J. (27/01/2019). «44 años de las últimas ejecuciones del franquismo: “Mi padre era el juez y recibió instrucciones de muy arriba para fusilarlos”». El Mundo.

Amestoy, I., y Pozo, D. (23/01/2016). «Luis Eduardo Aute: “La Transición que se pactó entre vencedores y vencidos está agonizando”». El Español.

Capitán Lawrence – WarCry y la carrera por la Antártida

«Voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo».

Estas son las últimas palabras que según el diario de expedición de Robert Scott, el célebre explorador de la Antártida, pronunció uno de sus hombres justo antes de abandonarlos para hacer uno de los mayores sacrificios de la historia.

La discografía de WarCry está llena de canciones de temática histórica, pero queríamos empezar con un personaje y un acontecimiento no tan conocido como otros que tratan en sus letras. En esta caso se trata del explorador británico Lawrence Oates, y la historia de su triste final nos la cuenta el grupo de heavy metal asturiano en la cuarta canción del álbum El sello de los tiempos (2002) con el título Capitán Lawrence.

La canción: Capitán Lawrence

A principios del siglo XX quedaban pocos lugares en el mundo por explorar, sin embargo, el frío continente de la Antártida ofrecía aun muchas posibilidades a los intrépidos y temerarios que se atrevieran a enfrentarse a algunas de las peores condiciones climáticas a las que se pueda enfrentar un ser humano. Pero esto no parecía ser un freno para personalidades como Ernest Shackleton, Roald Amundsen o Robert Scott.

Fue precisamente este último, el británico que había hecho grandes descubrimientos en aquel continente, quien en 1910 aceptó al protagonista de nuestra historia, Lawrence Oates, en su nueva expedición para conquistar el Polo Sur.

En su expedición anterior se habían producido algunos problemas con los ponis que portaban la carga, y eso había retrasado o frustrado algunos objetivos, así que de aquella experiencia Scott había aprendido que necesitaba llevar consigo a una persona experta en asuntos ecuestres, y cuando vio el currículum de Oates, decidió contar con él (aunque también ayudó que hiciera una donación de 1.000 libras a la expedición). 

Oates con los caballos de la expedición. Fuente: Wikipedia.

Oates procedía de una familia adinerada, y su experiencia con los caballos se debía a su paso por las caballerizas de Gestingthorpe cuando era joven, pero también a su paso por el ejército, en especial a su servicio en India. Sin embargo, el mundo militar no le había causado buena impresión, así que cuando en 1909 escuchó hablar de la expedición del capitán Scott, decidió probar suerte. La jugada le salió bien, pues Scott no solo contaría con él para la expedición, sino que formaría parte del selecto grupo de cuatro hombres que le acompañaría al Polo llegado el momento.

El día 15 de julio de 1910 el Terra Nova, el barco de la expedición, zarpó del puerto de Cardiff. Pero cuando arribó a Australia, llegó la mala noticia: «Le informo que el Fram va de camino a la Antártida». Era un telegrama del noruego Roald Amundsen informando de que su barco, el Fram, tenía el mismo rumbo que el Terra Nova. La expedición noruega también tenía como propósito alcanzar el Polo Sur, de forma que a partir de ese momento todos los acontecimientos se precipitaron y comenzó una auténtica carrera entre ambas expediciones por clavar su bandera en el extremo meridional del planeta.

El día de Año Nuevo de 1911 el Terra Nova avistó el monte Erebus. La visión de aquel volcán de más de 3.700 metros de altura indicaba que ya habían llegado al continente helado. En los meses siguientes se sucedieron las expediciones de exploración y preparación del terreno e hicieron aparición los problemas: problemas de avituallamiento, con los animales de relaciones personales (Oates y Scott, por ejemplo, nunca terminaron de congeniar), e incluso tuvieron que coincidir en ocasiones con sus oponentes noruegos.

El barco Terra Nova, que dio nombre a la expedición. Fuente: Wikipedia.

Así pasaron un año completando todo tipo de misiones de exploración y preparando travesías. Pero volvió enero, y eso significa verano en la Antártida. Un verano que dura apenas unos días pero que brinda las condiciones más propicias que aquel continente podía ofrecer para la conquista del objetivo. Cinco fueron los británicos escogidos para llevar a cabo la misión en 1912 (Wilson, Bowers, Evans, Oates y Scott), y cinco fueron también los noruegos que aspirarían a lo mismo. La carrera llegaba a su recta final.

Una semana después de su salida, cuando se encontraban a tan solo 24 kilómetros del objetivo, los cinco británicos se tropezaron con una tienda de campaña con una bandera noruega. En el interior encontraron algunos objetos abandonados por sus contrincantes, entre ellos una carta que Amundsen había redactado de su propio puño y letra dirigida al rey de Noruega y a la que acompañaba una nota en la que pedía a Scott que la entregara. Se trataba de un texto que pretendía servir de prueba de la hazaña noruega. La fecha de la carta, 14 de diciembre de 1911, no dejaba lugar a dudas: Amundsen le sacaba un mes de ventaja a Scott.

Los británicos en la tienda de campaña abandonada por Amundsen. Fuente: Wikipedia.

Pese a todo, Scott decidió seguir adelante y cuando al fin alcanzaron el Polo Sur el 18 de enero de 1912, confirmaron sus temores: los noruegos habían llegado mucho antes que ellos.

Decidieron emprender el regreso lo antes posible, pero el tiempo empezó a correr en su contra. El verano se fue mucho más rápido de lo que esperaban, y las temperaturas rondaban los 30 grados bajo cero y aumentaba el espesor de la nieve, haciendo más lento el avance. Al frío no tardó en sumarse el hambre, y el 17 de febrero la misión se cobró la primera víctima: Edgar Evans, el hombre de mayor edad de la expedición.

Y es aquí donde llegamos al inicio de la canción de WarCry. Esta canción no narra los hechos como tal, sino que se pone en la piel del propio Lawrence Oates y relata en primera (y en algún momento en tercera) persona lo que vivió en sus últimas horas:

Hoy, hoy la esperanza murió

cuando el frío congeló mis pies

en el mundo solo hay dolor

mi amor, se que te prometí volver.

En los días siguientes fue la salud de Oates la que se resintió: a la deshidratación y la desnutrición se sumaba, en su caso, el agravamiento de una antigua herida de guerra que sufrió en el pie. 

Y miro sus caras

suplicando una oportunidad

solo un estorbo puedo ser

mis piernas heladas, no les pueden ayudar

a regresar

La movilidad de Oates se redujo considerablemente a causa de la gangrena y la congelación de sus piernas, de forma que ya no podían completar los 24 kilómetros diarios que debían avanzar para completar a tiempo su itinerario, sino que los días que más avanzaban lograban hacer 10 kilómetros. Cada mañana, el dolor que sentía en los pies, hacía que solo ponerse el calzado le llevara alrededor de una hora de esfuerzo. «El pobre Oates es incapaz de seguir tirando», escribió Scott el 6 de marzo en su diario. Oates sabía perfectamente que era una carga para el grupo, pero también sabía que no lo abandonarían, así que tomó la difícil decisión:

Hoy, hoy tomé una decisión

quizás solos puedan volver

por la noche en sigilo me iré

ruego a Dios, que él me pueda perdonar

«Anteanoche durmió a pierna suelta, con la esperanza de no despertar nunca más, pero ayer por la mañana despertó de todos modos. Soplaba una ventisca y en un momento, dijo: “voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo”». Así contó Scott en su diario lo que sucedió el 16 de marzo.

‘A Very Gallant Gentleman’, pintura de John Charles Dollman (1913).

Oates abandonó la tienda de campaña y se obligó a caminar para alejarse de ella:

Me golpea el viento y aun así

me obligo a caminar

debo alejarme un poco más

Se hiela mi aliento

solo siento, no verte más

ya nunca más

Perdóname por partir así

este viaje solo para mí

recuérdame mejor de lo que fui

es muy tarde cielo sabes que te quiero

siento tanto tener que irme así

Solo en la noche él murió

en el frío hielo se hundió

el último aliento me pregunto

¿Qué es lo que pensó?

El militar británico se había dejado morir, y sus compañeros lo sabían, pues era ya prácticamente incapaz de moverse, es muy probable incluso que delante de ellos se hubiera tragado algunas pastillas de opio para hacer más llevadero el final y, sobre todo, porque antes de salir dio su diario a su compañero Wilson para que este lo entregara a su madre. Aunque por la canción de WarCry podría parecer que sus cartas iban dirigidas a su esposa, lo cierto es que toda la correspondencia que mantuvo Oates a lo largo de su viaje, y todo cuanto escribió en su diario, iba dirigido a su madre.

Fue precisamente Wilson quien hizo las últimas anotaciones en aquel diario: «Este es un final triste para nuestra empresa. […] Jamás había presenciado tanta valentía como la que demostró él en todo momento, aun con los dos pies congelados… jamás se quejó del dolor. Fue todo un ejemplo. Estimada señora Oates, al final me pidió que la visitara y le llevara su diario. También me pidió que le dijera que usted es la única mujer a la que quiso en su vida».

Efectivamente, sus compañeros eran conscientes de sus intenciones, pero también sabían que intentar detenerlo habría supuesto alargar su agonía y, muy probablemente, provocar su propia muerte. Lo que no sabían era cuál sería el desenlace para ellos.

Tan solo dos días después, el 29 de marzo de 1912, murieron los demás integrantes de la expedición: Henry Bowers, el capitán Robert Scott y Edward Wilson, que no pudo completar la misión que le había encargado Oates.

Tumba de Wilson, Bowers y Scott. Fuente: Wikipedia.

Algunas de las últimas anotaciones de Scott en su diario aun resultan estremecedoras:

«Nos hemos arriesgado, conscientes de lo que hacíamos; las cosas no han salido como esperábamos pero no podemos quejarnos, sino someternos a la voluntad de la providencia, procurando luchar hasta el final. Pero si nosotros hemos sido capaces de entregar nuestras vidas a esta empresa, para ensalzar el honor de nuestro país, debo apelar a mis compatriotas para que cuiden bien de aquellos que dependen de nosotros.

De haber sobrevivido, habría podido explicar una historia sobre la audacia, la resistencia y el coraje demostrados por mis compañeros, que habría conmocionado a todos los habitantes de Inglaterra. Estas notas improvisadas y nuestros cuerpos inertes contarán parte de la historia, pero sin duda, un país grande y rico como el nuestro será capaz de cuidar de aquellos que dependen de nosotros.

R. Scott».

Bibliografía:

Fiennes, R. (2003). Capitán Scott. Juventud.

Huntford, R. (2002). El último lugar de la Tierra. La carrera de Scott y Amundsen hacia el Polo Sur. Península.

Jones, M. (2005). La última gran aventura. El sacrificio del capitán Scott en la Antártida. Oberon.

Cacho, J. (2013). Shackleton, el indomable. El explorador que nunca llegó al Polo Sur. Forcola.

Cacho, J. (2017). Amundsen-Scott: duelo en la Antártida. Forcola.

Otras canciones que hablan de Lawrence Oates:

Héroes de la Antártida, de Mecano.

A Gallant Gentleman, de We Lost The Sea (aunque no tiene letra, el título extraído de la pintura de Dollman deja claro que se trata de un homenaje a él).

Sex Pistols y el concierto en que nació el punk

Guste más o menos, nadie duda que Sex Pistols es una de las bandas más influyentes de la historia de la música. A pesar de tener una trayectoria efímera (1975-1978) lograron influir a artistas de muy distintos estilos e intereses y de formas muy diversas. Sin embargo, su mayor aportación a la historia de la música tiene una fecha y un lugar concretos: el 4 de junio de 1976 en el Lesser Free Trade Hall de Manchester.

Sex Pistols en una actuación en Noruega en 1977. Fuente: Wikipedia.

Antes del concierto

Cuando pensamos en punk, inmediatamente se nos vienen dos nombres a la cabeza: Sex Pistols en Reino Unido, y Ramones en Estados Unidos. Sin embargo, cuando estos dos grupos comenzaron a tocar, a pesar de que ya había grupos rondando como The Stooges que iban abriendo camino, no existía el movimiento punk como tal. Pero apenas unos meses después de juntarse, los Sex Pistols lo crearían.

El evento al que nos referimos tuvo dos responsables principales: Pete Shelley y Howard Devoto (seudónimos de Peter McNeish y Howard Traford). Ambos eran por entonces estudiantes universitarios aficionados a la música, de hecho estaban dando sus primeros pasos con un grupo que acababan de formar. Cansados de la escena musical del momento, decidieron organizar un concierto en la facultad con una banda distinta a las habituales, así que contactaron con Sex Pistols.

Por aquel entonces Sex Pistols eran una banda que daba sus primeros pasos, y aunque a ellos y a su manager les gustó la idea, a los responsables de la universidad no les hizo mucha gracia pensar en esos jóvenes anarquistas y con esas pintas berreando por allí, así que evitaron que se celebrase el concierto. Pero Shelley y Devoto no estaban dispuestos a renunciar, así que simplemente cambiaron la ubicación del concierto por una aún mayor: el Lesser Free Trade Hall de Manchester. Comenzaron a imprimir carteles, a vender entradas… e incluso ellos mismos harían de teloneros con su banda: Buzzcocks.

Exterior del Free Trade Hall en Manchester. Fuente: Wikipedia.

El concierto

Llegó el gran día y, como buen mito fundacional, este concierto también cuenta con sus leyendas urbanas: y no, no hubo ni miles, ni siquiera unos cuantos cientos de personas. En realidad, algunos asistentes aquel 4 de junio de 1976, como el escritor David Nolan (autor del libro descriptivamente titulado I Swear I Was There: The Gig That Changed the World), afirman que había 40 personas.

Por otra parte, muchas de esas personas habían llegado al Free Trade Hall esperando el debut de Buzzcocks antes que la actuación de Sex Pistols. Sin embargo, Shelley y Devoto habían invertido mucho tiempo en preparar el concierto y habían dado de lado sus ensayos, así que en el último momento decidieron no tocar y que les sustituyese un grupo de rock progresivo llamado Solstice (una banda sin mayor trascendencia y que nada tiene que ver con el resto de grupos posteriores con que comparte nombre y estilo).

Los Sex Pistols actuando en Ámsterdam en 1977. Fuente: Wikipedia.

Para colmo, a nivel musical el concierto no fue especialmente bueno, y no hablamos de los teloneros, sino de los propios Sex Pistols. La mayor parte de los temas que interpretaron eran versiones de otros grupos, y casi todos los asistentes reconocen que no fue ningún alarde de virtuosismo.

Entonces, ¿qué tuvo de especial aquel concierto? En primer lugar, la actitud: ese «do it yourself» («hazlo tú mismo») que promovía Sex Pistols y que afirmaba que no hacía falta ser un gran músico, sino simplemente tener un mensaje que transmitir. Aquello caló muy hondo en esos cuarenta espectadores, que son además el segundo gran ingrediente que haría de aquel concierto el mito fundacional del movimiento punk.

¿Quiénes eran los espectadores?

Andrew O’Neill, en su libro La historia del heavy metal, bromea haciéndose eco de la leyenda de que todo el que asistió a ese concierto acabó formando un grupo de música. Y aunque no podemos saber si es cierto que la totalidad del público acabase creando sus propios proyectos musicales, a día de hoy sí que sabemos que fueron muchos los que lo hicieron. 

En primer lugar, los propios Shelley y Devoto retomaron sus ensayos inmediatamente después del concierto y su grupo, Buzzcocks, aun sigue en activo, y su disco Singles Going Steady está incluido en la lista de los 500 álbumes más grandes de todos los tiempos de la revista Rolling Stone.

Buzzcocks durante un concierto en Santander en 2011. Fuente: Flickr.

También estaba allí Mark Edward Smith, que más tarde fundaría la banda The Fall, disuelta en 2018 tras el fallecimiento del propio Smith.

Hablando de Smith… entre el público también estaba un grupo de adolescentes, incluido un tal Steven Patrick Morrissey, que unos años después, en 1982, acabaría formando el grupo The Smiths, considerada una de las mayores bandas de la historia del rock.

También estaba allí un joven Mick Hucknall, que a mediados de los ochenta fundaría Simply Red, también en activo en la actualidad. Aunque en su caso no parece que los Sex Pistols contribuyeran mucho a definir su estilo…

Después del concierto

Aquellos mismos asistentes fueron los que en las semanas siguientes hicieron de transmisores de la palabra de los Sex Pistols, de forma que consiguieron que el día 20 de junio del mismo año se repitiera la experiencia, pero esta vez con un poquito más de público, unos doscientos asistentes, y con el debut, ahora sí, de Buzzcocks.

Además, en este segundo concierto tampoco faltaron ilustres asistentes, pues se dejó caer por allí Ian Curtis, que en ese mismo año fundó Joy Division junto a otros dos asistentes al concierto: Peter Hook y Bernard Sumner. De hecho, en algunas publicaciones han contado que se conocieron allí mismo y que fue a raíz de este concierto que decidieron crear el grupo de culto del «Love Will Tear Us Apart».

Suponemos que en ese momento aún no eran conscientes de ello, pero los Sex Pistols acababan de articular el movimiento punk.

Solo dos meses después, el 1 de septiembre, fueron entrevistados por el presentador de televisión Tony Wilson, que tuvo la habilidad de saber ver que aquello se estaba convirtiendo en un estilo musical propio y en toda una cultura urbana. De alguna manera, la vida del propio presentador cambió a raíz de ese contacto con Sex Pistols.

Tony Wilson en un programa en 1991. Fuente: Wikipedia.

En 1978 Tony Wilson fundó la sala de conciertos The Factory que acogería las actuaciones de todos estos grupos para, inmediatamente, crear la discográfica independiente The Factory (o Factory Records). Sex Pistols, ya en el final de su carrera, fueron el primer gran éxito de la discográfica, lo que convirtió a la empresa en referencia del movimiento punk. Pero no solo ellos fueron apadrinados por The Factory, también muchos de los grupos que surgieron de aquel concierto realizaron sus primeros álbumes con esta discográfica: Joy Division, New Order, The Durrutti Column… El periodista se convirtió en un empresario de éxito que no circunscribió sus negocios a la discográfica, sino también a las salas de conciertos, siendo el fundador de otra mítica sala: The Haçienda en Manchester.

Es poco probable que Sex Pistols fueran conscientes en la década de los setenta de la trascendencia de aquel modesto concierto, sin embargo, sus asistentes reconocen a día de hoy la importancia que en sus vidas y sus carreras tuvo lo que presenciaron aquella noche. Un concierto que, con toda la razón, los medios de comunicación bautizaron años después como «the gig that changed the World» (el concierto que cambió el mundo).

Bibliografía:

Nolan, D. (2006). I Swear I Was There. The Gig That Changed the World. Independent Music Press.

O’Neill, A. (2018). La historia del heavy metal. Blackie books.

Strongman, P. (2008). La historia del punk. El movimiento juvenil que transformó la escena musical y social en los años 80. Ma Non Tropo.

¿Por qué fue Ozzy Osbourne a la cárcel?

«Mi padre siempre dijo que algún día yo haría algo grande: “Tengo un presentimiento contigo, John Osbourne”, solía decirme después de unas cuantas cervezas. “O acabas haciendo algo muy especial o acabas en la cárcel”. Y llevaba razón mi viejo. Antes de cumplir los dieciocho ya estaba en la cárcel».

Así comienza el primer capítulo de las memorias de Ozzy Osbourne (I Am Ozzy), mítico vocalista de Black Sabbath. 

El paso de Ozzy Osbourne por la cárcel es de sobra conocido, sin embargo, se ha mitificado mucho, y según el lugar donde busquemos encontraremos distintos motivos, se exagerará la condena, su experiencia, e incluso se encontrarán detalles erróneos como el que relaciona su paso por prisión con el célebre tatuaje con su nombre en los nudillos. ¿Qué hay de cierto en todo esto? Indaguemos en lo que el propio Ozzy cuenta al respecto.

John Michael Osbourne, que es su nombre real, nació en 1948 en el seno de una familia muy humilde de Aston, en Birmingham. A la cabeza de esta familia numerosa se encontraba su padre, trabajador nocturno de General Electric, y su madre, trabajadora diurna de la fábrica Lucas. Ambos engendraron seis hijos, tres niñas y tres niños, siendo Ozzy el mayor de los varones, pero menor que sus hermanas.

El pequeño Ozzy Osbourne. Fuente: El País.

Las dificultades económicas de la familia no eran ningún secreto, y Ozzy era perfectamente consciente de ello. Con quince años y terminado el colegio, el ambiente industrial y deprimido de Aston no ofrecía muchas opciones a un adolescente. Lo máximo a lo que aspiraban los jóvenes era a, con suerte, entrar como aprendiz en alguna fábrica. Y las únicas alternativas viables eran el ejército, la migración o la delincuencia.

En un primer momento, probó suerte con la primera vía, pasó por distintos trabajos pero la mayoría le duraron apenas un día, como fue el caso de su experiencia como afinador de bocinas de coche. Y cuando al fin encontró uno que le gustaba en un matadero, se encontró con unos compañeros que no hacían sino burlarse de él y gastarle bromas pesadas, hasta que un buen día Ozzy perdió los estribos y acabó pegando una paliza a uno de ellos.

Había intentado las otras dos vías, pero el ejército lo había rechazado y la migración era algo que no se podía plantear una persona sin unos recursos mínimos, así que, tras el despido del matadero, se lanzó a la última opción: el robo.

De niño había hecho ya sus pinitos robando manzanas, al principio solo para comer, y luego para vender. De ahí pasó al robo de parquímetros y, poco a poco, empezó a probarse en el mundo del robo en tienda. En sus memorias, él mismo se burla de sus escasas habilidades, pues repetía siempre el mismo modus operandi en los mismos sitios. Así que estaba cantado que tarde o temprano le pillarían.

No fue ningún asalto a una casa lo que lo llevó a la cárcel, tampoco un secuestro, robo con agresión ni ninguna otra teoría de esas que se pueden leer por internet, sino el robo en una tienda de ropa que ya había frecuentado anteriormente. 

En efecto, no era la primera vez que robaba en Sarah Clarke’s, pero sí que sería la última. La primera le había salido bien y había logrado vender todo lo robado, sin embargo en la fatídica ocasión que le llevaría a prisión había cometido una serie de patéticos errores: el primero, no llevar una linterna, así que a tientas cogió lo que pilló y, cuando por fin salió a la luz, descubrió que había robado petos y ropa interior de bebé. Y aquello, por lo que fuera, no tenía tanta salida en el mercado.

Volvió a entrar y se llevó un televisor, pero al saltar un muro cayó en una zanja de tal manera que quedó aplastado bajo el propio aparato. Así que cuando logró salir de debajo, tuvo que abandonar el televisor porque pesaba demasiado.

Y dicen que a la tercera va la vencida, y podría parecerlo, porque en su tercer asalto logró llevarse un puñado de camisas que sí que podría vender. Pero también cometió otro error que descubriría días más tarde, cuando la policía llamó a la puerta de su casa y uno de los agentes dijo: «A thumbless glove, eh?». El incompetente ladrón se había puesto guantes para llevar a cabo su robo, pero los guantes eran unos mitones, de los que no cubren los dedos.

Aunque se le ofreció no ir a la cárcel si pagaba una multa que incluso era asequible para su pobre familia, su padre se negó a pagarla para dar una lección a Ozzy, así que el juez le impuso tres meses de prisión que cumpliría en la decimonónica cárcel de Winson Green, en su propia ciudad. Tres meses, nada de seis meses ni mucho menos de años como se puede leer en algún sitio.

Prisión Winson Green. Además de Ozzy, otros presos ilustres que pasaron por sus celdas fueron Michael Collins o Ashley Blake. Fuente: itv.com.

De hecho, no llegó a cumplir ni tres meses, pues por buen comportamiento y por los trabajos realizados en prisión, se le permitió salir a las seis semanas. No obstante, el mismo Ozzy ha reconocido en varias entrevistas y en sus propias memorias que aquella breve estancia le bastó para saber que no quería volver a pisar un lugar como aquel. La violencia y la continua tensión que pudo ver (aunque no la sufrió directamente) le produjo tal rechazo, que hasta el día de hoy ha bordeado la legalidad lo justo para no tener que entrar de nuevo en prisión. Él mismo reconoció años después que su padre hizo bien al no pagar aquella multa y hacerle pasar por aquella experiencia.

Ozzy Osbourne junto a sus padres. Fuente: El País.

Si bien no sufrió ninguna agresión ni nada parecido en su paso por Winson Green, vio de cerca situaciones traumáticas, así que optó por esa colaboración para poder salir lo antes posible. Y mientras tanto mataba el tiempo como podía, siendo uno de sus entretenimientos los tatuajes. Era común entre los presos tatuarse distintos motivos con punzones y tinta china. En su caso, se tatuó una cosa un tanto extraña: el retrato de Simon Templar, un personaje de ficción de una serie de televisión británica llamada El Santo, muy de moda por entonces.

¿Y su nombre en los dedos? Otro de los mitos en torno a su paso por la cárcel es el de que fue allí donde se hizo el mítico tatuaje de «O-Z-Z-Y» en los nudillos, y así se puede leer en distintos blogs e incluso en el libro Sabbath Bloody Sabbath (J. McIver, 2014). Sin embargo, en su propia autobiografía cuenta que, lejos de toda épica, ese tatuaje (que obviamente ha sido retocado muchas veces) se lo hizo en realidad antes de entrar en prisión, con diecisiete años, y fue en un parque, sin que mediasen barrotes ni carceleros. Que, por cierto, quizá en ese gesto hubiera algún tipo de inspiración en su abuela, que llevaba tatuadas las iniciales de su marido.

Hacia finales de 1966, Ozzy salió de la cárcel muerto de frío y con dieciocho años pero habiendo aprendido una valiosa lección: a partir de entonces la posibilidad de volver a prisión se añadiría a su larga lista de fobias, y aunque a lo largo de su vida sería detenido una cuantas veces más, sería siempre por delitos y faltas menores que no le supondrían poner un pie nunca más en la cárcel.

Fotografía de la ficha policial de Ozzy Osbourne, arrestado en 1984 por intoxicación pública. Fuente: El País.

Apenas un año después de su salida de prisión, en 1967, Geezer Butler daría forma a su primer proyecto musical para el que contó con Ozzy como vocalista. La vida del joven de Birmingham estaba a punto de cambiar y, muy pronto, las fábricas, los mataderos y los robos quedarían atrás.

Bibliografía:

McIver, J. (2014). Sabbath Bloody Sabbath. Omnibus Press.

Osbourne, O., y Ayres, Ch. (2011). I Am Ozzy. Grand Central.

Crawford, S. (2003). Ozzy Unathorized. Michael O’Mara Books.