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«ROCK THE CASBAH» – The Clash y la Revolución iraní

The Clash cuenta en su historia con varios éxitos: «Should I Stay Or Should I Go», «London Calling», «Spanish Bombs»,… Sin embargo, solo uno de sus temas llegó a posicionarse entre los diez primeros más escuchados en Estados Unidos: «Rock the Casbah». Un tema histórico que, sin embargo, dio muchos dolores de cabeza a sus autores.

Si bien es cierto que fue un éxito arrollador para la banda, quizá en la actualidad se les recuerda mejor por esos otros temas que hemos mencionado. Pero para entender de qué trata la canción y cuáles fueron las claves de su éxito, debemos poner un poco en contexto a The Clash.

Cuando The Clash saltó a la palestra en la segunda mitad de la década de los setenta, el mundo del punk rock ya contaba con gigantes como The Ramones, Patti Smith o Sex Pistols. Sin embargo, The Clash supieron hacerse un hueco con algo distinto: su compromiso político. Frente al nihilismo del resto de grupos de punk, The Clash planteaban una crítica ácida y comprometida con los problemas políticos y sociales de todo el mundo. Y en ese sentido, «Rock the Casbah» es el mejor ejemplo.

La canción salió al mercado en un momento en que el grupo ya estaba consolidado, en 1982. Formaba parte del álbum Combat Rock, que incluía también el mítico «Should I Stay Or Should I Go».

Portada del álbum Combat Rock de The Clash (1982).

A diferencia de otros temas de The Clash, la primera versión de «Rock the Casbah» fue prácticamente creada por el percusionista de la banda, Topper Headon. Tanto letra como composición y arreglos musicales para bajo, piano y batería son obra suya. Sin embargo, aquella primera versión tenía una temática completamente distinta a la que acabó teniendo, y eso se lo debemos al resto de componentes del grupo, en especial a Joe Strummer.

Joe Strummer. Fuente: Wikimedia.

Strummer, inspirado por la letra original de Headon, vio la oportunidad de convertir el tema en un himno contra la censura que estaba teniendo lugar en otros lugares del mundo. Pero ¿de qué hablamos?

Nos remontamos un par de años, a 1979, momento en que en Irán llega al poder el ayatolá Ruhollah Jomeini. Jomeini había encabezado la oposición a los intentos modernizadores y occidentalizadores del sah, máxima autoridad política de Irán que había ignorado la autoridad religiosa de los ulema, el clero musulmán chiita. La posición de los religiosos había triunfado entre los sectores más conservadores de la sociedad iraní, creando un movimiento de oposición a los monarcas que articuló la denominada Revolución iraní.

Sus continuas críticas y su colaboración con los revolucionarios, llevaron al exilio a Jomeini. Pero en 1979, aprovechando la supuesta convalecencia del sah, que algunos han considerado un autoexilio provocado por las presiones de sus opositores, el gobierno interino autorizó el regreso de Jomeini a Irán. A su vuelta fue recibido por millones de partidarios que dieron como ganada la revolución y que colaboraron para deponer a ese mismo gobierno interino.

Jomeini en su regreso a Irán. Fuente: La Vanguardia.

Así se abrió un proceso por el cual Irán pasó de ser una monarquía a una república islámica que, poco a poco, fue dando forma a un régimen autoritario y teocrático regido por el propio ayatolá Jomeini.

El nuevo régimen, mucho más conservador que el anterior, comenzó una cruzada contra todo lo occidental, y eso incluía la música: los estilos de música occidental (pop, rock, punk, reggae, disco…) fueron prohibidos y sometidos a una rígida censura. Este hecho fue el que articuló la creación de «Rock the Casbah»:

By order of the Prophet

We ban that boogie sound

Así reza la canción: Por orden del profeta prohibimos ese sonido boogie. Y la crítica al ayatolá se hizo presente en los míticos coros de la canción: Sharif don’t like it. Strummer tomó la casbah, la parte central de las fortificaciones o alcazabas musulmanas, como símbolo de ese poder islámico y llamó a “rockearlas” en el estribillo del tema. Y, por si cabía alguna duda, The Clash grabó un videoclip en que pusieron a musulmanes y judíos a bailar ska juntos (y beber alcohol, lo que molestó a algunos religiosos). 

Portada del single (1982).

La idea era genial y la canción tuvo un éxito rotundo. Sin embargo, acababa de nacer el mayor dolor de cabeza en la carrera de The Clash en general y Strummer en particular.

The Clash pretendía denunciar la censura y los abusos del régimen radical islamista, querían reivindicar la libertad, pero hubo quien quiso utilizar el tema para fines que nada tenían que ver con las intenciones de la banda.

En agosto de 1990 Estados Unidos puso en marcha la Operación Tormenta del Desierto con la ayuda de sus aliados, había comenzado la Guerra del Golfo. Durante meses los aviones de la coalición dirigida por Estados Unidos bombardearon objetivos militares y civiles de Irak y Kuwait. Y sobre los misiles los soldados estadounidenses habían escrito orgullosos el lema «Rock the Casbah». Es más, la canción se usó durante la guerra en reportajes y fue coreada por los soldados en más de una ocasión.

Strummer y el resto del grupo, que eran convencidos pacifistas contrarios a la intervención militar, quedaron muy afectados al ver estas imágenes y en más de una ocasión denunciaron que el tema se hubiera tergiversado. Y, sin embargo, aún tuvieron que volver a ver imágenes similares en otras intervenciones militares más recientes en Oriente Próximo.

Referencias:

  • Kapuscinski, R. (2007). El sha o la desmesura del poder. Anagrama.
  • Greene, A. (2009). «The Clash’s Topper Headon Demonstrates How He Wrote ‘Rock the Casbah'». Rolling Stone.
  • Documental: Joe Strummer. The Future Is Unwritten (Julien Temple, 2007).

Lola Montez – Volbeat

«Lola Montez» es el título de la novena canción del álbum Outlaw Gentlemen & Shady Ladies de la banda de hard rock y heavy metal danesa Volbeat. Un tema que comienza con una descripción sugerente:

Feel the fire where she walks
Lola Montez so beautiful
Shady and a tempered dame
Blinding your eyes with her spider dance

Pero ¿quién era esa tal Lola Montez? ¿Existió realmente? ¿Y qué era la danza de la araña a la que se refiere ese último verso? Pues la respuesta a todas esas preguntas es la historia de una gran mentira creada por la propia protagonista.

Lola Montez en realidad nació con el nombre de Elizabeth Rosanna Gilbert en febrero de 1821 en Grange (Irlanda). Hija del británico Edward Gilbert y Eliza Oliver, con solo dos años se trasladó con sus padres a India a causa de la profesión de su padre, alférez del ejército inglés. Sin embargo, al poco tiempo el militar falleció a causa de la cólera que contrajo en tierras indias. Su madre se emparejó de nuevo en Calcuta con otro militar, el teniente Patrick Craigie, y ahí comenzó el distanciamiento entre la madre y la hija.

Mientras su madre se daba a la vida de lujo y excesos de la colonia británica, Elizabeth quedó al cuidado de un aya, de nombre Denali. Entre Calcuta y Daca, la pequeña fue definiendo su carácter rebelde y temerario. Preocupados por que la situación fuese más allá y para proteger a la niña de las enfermedades tropicales, sus padres decidieron devolverla a Gran Bretaña con la intención de educarla. Según la propia Elizabeth, aquello marcaría la ruptura definitiva entre su madre y ella.

Elizabeth fue enviada a Escocia, y tras pasar un tiempo con sus abuelos políticos (padres de su padrastro), y pasar por varias casas e internados, acabó internada en un colegio mayor femenino en Bath (Inglaterra).

Allí, el paso del tiempo y la correspondencia con su madre hicieron que tratase de recuperar la relación, así que cuando contaba dieciseis años, accedió a que su madre le hiciera una visita. Su madre llegó acompañada de un hombre con el que había iniciado una aventura en su viaje desde India, y además traía consigo una noticia: su padrastro y ella habían concertado un matrimonio entre Elizabeth y un anciano militar destinado en India, así que debía volver con ella para cerrar el trato. Ante esta situación, la adolescente buscó refugio en el acompañante de su madre que, contra todo pronóstico, le propuso matrimonio y huir juntos. Elizabeth accedió y se dieron a la fuga.

Curiosamente, la fuga la llevó de vuelta a Calcuta, el lugar donde estaba destinado su improvisado marido. Allí trató de labrarse una carrera aprendiendo a bailar, y optó por bailes exóticos para los británicos como lo era el flamenco. Así que cuando se separó de su marido pocos años después de regresar a India, intentó forjar una nueva identidad en Londres como bailarina profesional. Para ello, sirviéndose del color oscuro de su piel y pelo, se inventó un nombre, Lola Montez, una bailarina española que se habría visto forzada a emigrar a causa de las Guerras Carlistas. Sin embargo, no contaba con que alguien la pudiera reconocer como la viuda del teniente James, y cuando esto sucedió, decidió abandonar Londres y tratar de continuar su plan pero en París.

Retrato de Lola Montez realizado por Joseph Stieler y conservado en la Galería de las Bellezas del Palacio Real de Baviera. Fuente: Wikipedia.

En París era bastante menos probable que alguien pudiera reconocerla, así que, enmascarada en su nueva identidad, fue labrándose una carrera que le reportó notables beneficios. Muy pronto su belleza y carácter le abrieron un hueco en los círculos de escritores, músicos y aristócratas de la época. La lista de supuestos amantes era interminable, y muy pronto ganó fama como cortesana mientras encandilaba a hombres de toda clase con su «baile de la araña», ese que menciona la canción y que consistía en un striptease en el que Lola se iba quitando la ropa mientras fingía que una araña le recorría el cuerpo.

Blinding your eyes with her spider dance
Her performance utterly erotic subversive to all ideas
And for public morality

Su espectáculo, como dice la canción, levantaba mucha polémica en la doble moral de la época, y a menudo fue señalada por su falta de pudor, pero las habladurías no eran obstáculo para Lola. El problema llegó cuando alguien la reconoció de nuevo y, para colmo, uno de sus amantes murió en un duelo, así que decidió volver a coger las maletas y trasladarse de nuevo, pero esta vez a Múnich.

Wherever she walks
She will be captivating all the men
Don’t look in her eyes
You might fall and find the love of your life heavenly
But she’ll catch you in her web
The love of your life

Como dice la canción, dondequiera que fuera, cautivaba a todos los hombres, y aquello le reportaba grandes beneficios. Y aunque los comienzos en Múnich fueron algo complicados, en seguida consiguió cautivar a la persona adecuada.

Al llegar a Múnich consiguió un contrato en un teatro de la ciudad para representar el mismo espectáculo que le había llevado a la fama en Francia, sin embargo el propietario de la sala decidió rescindir el contrato escandalizado por su primer show. Indignada, Lola se plantó en el palacio del mismísimo rey Luis I de Baviera para que tomase cartas en el asunto. Y de la entrevista entre ambos aparecen muchas versiones, aunque todas ellas tienen más de leyenda que de realidad: según algunos el monarca le preguntó si su cuerpo era obra del arte o de la naturaleza, mientras que otros apuestan por un comentario aún más banal, si su pecho era real. En cualquier caso, todas las versiones de la leyenda confluyen en la misma respuesta por parte de Lola, que al parecer se rasgó el vestido con unas tijeras y dejó su pecho al aire frente al rey.

Luis I de Baviera retratado por Joseph Stieler. Fuente: Wikipedia.

Aquello marcó el inicio de una historia de amor y de escándalo: Lola se convirtió en la amante del rey y consiguió los contratos necesarios para retomar su espectáculo. La influencia de la bailarina en la corte bávara fue creciendo, y llegó incluso a obtener el título de condesa de Landsfeld. Y todo parece indicar que este habría sido uno de los motivos que llevaron a la abdicación del monarca durante la oleada revolucionaria de 1848. Forzada por la situación, una vez más comienza un periplo que le lleva a Suiza, Francia, Inglaterra, España… y finalmente se instaló en Estados Unidos.

En la costa oeste de Estados Unidos continuó durante algunos años con su profesión como bailarina y, de hecho, llegó a convertirse en propietaria de algunos locales de fiestas. Su éxito allí ya fue imparable, incluso se atrevió a probar suerte también en el otro extremo de los Estados Unidos, y en poco tiempo triunfó con el estreno de una obra en Broadway en la que contaba su propia historia, y con la publicación de un libro de consejos de belleza que se convirtió en seguida en un best-seller.

And cool as she was she didn’t care
See the miner throw his gold
Lifting her skirt howling loud like a wolf
Hell raising and full of sin
When Lola was dancing and showing her skin

Su estancia en Estados Unidos solo se vio interrumpida por un tour que realizó por Australia con el objetivo de entretener a los mineros y buscadores de oro que a mitad del siglo XIX trabajaban allí. Con este objetivo, llevó a distintos teatros y salas autralianas su famosa danza de la araña, y tras un show en Melbourne, ocurrió una anécdota a la que hace referencia la canción de Volbeat: el periodista Henry Seekamp escribió una crítica donde decía que el baile de Lola era «utterly subversive to all ideas of public morality» (completamente subersivo a todas las ideas de moralidad pública), frase que aparece citada literalmente en la canción. Aquello fue respondido por la propia Lola, que golpeó a Henry Seekamp con una fusta y lo llevó ante los tribunales, lo que le costó una pena de cárcel por difamación y que se viera obligado a vender su periódico. La canción resume el episodio tal que así:

Dear Henry taste my whip
Never to see any words you print

De todas sus relaciones, la que mantuvo con el rey Luis I de Baviera parece ser la que más sincera e intensamente vivió. Aunque no se reencontraron después de la abdicación y huida, se dice que el monarca conservó la réplica en mármol de un pie de Lola que besaba cada noche antes de dormir, y parece que llegaron a intercambiar alguna carta hasta el lecho de muerte de la propia Lola, que murió en Nueva York en 1861 siete años antes que el rey.

Oh Lola I’m sure that the love would have been
The key to all your pain
No words will later come
Did she spider bite your tongue

La causa de la muerte de Lola parece haber sido una neumonía, aunque ya algunos años antes había experimentado otro tipo de enfermedades, incluso mentales, como un brote de esquizofrenia. Al final de su vida parece que intentó reconciliarse con su auténtica identidad, pues en su tumba del cementerio de Brooklyn se puede leer «Mrs. Eliza Gilbert» sin mención alguna a Lola.

Lola Montez fotografiada en Estados Unidos. Fuente: magazinedigital.com

Desde luego, la de Lola no había sido una vida normal: amante de reyes, escandalizaba con sus comentarios y sus actos, fumando en público o paseando a su oso grizzly, montaba a caballo, golpeaba con una fusta a los hombres que se sobrepasaban con ella o que le hacían algún comentario impertinente y se le daba muy bien el tiro con revólver. Sin embargo, hay que llevar cuidado con las cosas que se cuentan de ella, pues, como ella misma advirtió en su autobiografía: «Si todo lo que se ha escrito sobre mí fuera cierto, merecería ser enterrada viva».

Elizabeth o Lola, lo que está claro es que, como dice Volbeat al final de su canción: We will surely not forget the Lola spider dance.

Bibliografía:

Morató, C. (2017). Divina Lola. Plaza & Janés.

Seymour, B. (2009). Lola Montez. A Life. Yale University Press.

Capitán Lawrence – WarCry y la carrera por la Antártida

«Voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo».

Estas son las últimas palabras que según el diario de expedición de Robert Scott, el célebre explorador de la Antártida, pronunció uno de sus hombres justo antes de abandonarlos para hacer uno de los mayores sacrificios de la historia.

La discografía de WarCry está llena de canciones de temática histórica, pero queríamos empezar con un personaje y un acontecimiento no tan conocido como otros que tratan en sus letras. En esta caso se trata del explorador británico Lawrence Oates, y la historia de su triste final nos la cuenta el grupo de heavy metal asturiano en la cuarta canción del álbum El sello de los tiempos (2002) con el título Capitán Lawrence.

La canción: Capitán Lawrence

A principios del siglo XX quedaban pocos lugares en el mundo por explorar, sin embargo, el frío continente de la Antártida ofrecía aun muchas posibilidades a los intrépidos y temerarios que se atrevieran a enfrentarse a algunas de las peores condiciones climáticas a las que se pueda enfrentar un ser humano. Pero esto no parecía ser un freno para personalidades como Ernest Shackleton, Roald Amundsen o Robert Scott.

Fue precisamente este último, el británico que había hecho grandes descubrimientos en aquel continente, quien en 1910 aceptó al protagonista de nuestra historia, Lawrence Oates, en su nueva expedición para conquistar el Polo Sur.

En su expedición anterior se habían producido algunos problemas con los ponis que portaban la carga, y eso había retrasado o frustrado algunos objetivos, así que de aquella experiencia Scott había aprendido que necesitaba llevar consigo a una persona experta en asuntos ecuestres, y cuando vio el currículum de Oates, decidió contar con él (aunque también ayudó que hiciera una donación de 1.000 libras a la expedición). 

Oates con los caballos de la expedición. Fuente: Wikipedia.

Oates procedía de una familia adinerada, y su experiencia con los caballos se debía a su paso por las caballerizas de Gestingthorpe cuando era joven, pero también a su paso por el ejército, en especial a su servicio en India. Sin embargo, el mundo militar no le había causado buena impresión, así que cuando en 1909 escuchó hablar de la expedición del capitán Scott, decidió probar suerte. La jugada le salió bien, pues Scott no solo contaría con él para la expedición, sino que formaría parte del selecto grupo de cuatro hombres que le acompañaría al Polo llegado el momento.

El día 15 de julio de 1910 el Terra Nova, el barco de la expedición, zarpó del puerto de Cardiff. Pero cuando arribó a Australia, llegó la mala noticia: «Le informo que el Fram va de camino a la Antártida». Era un telegrama del noruego Roald Amundsen informando de que su barco, el Fram, tenía el mismo rumbo que el Terra Nova. La expedición noruega también tenía como propósito alcanzar el Polo Sur, de forma que a partir de ese momento todos los acontecimientos se precipitaron y comenzó una auténtica carrera entre ambas expediciones por clavar su bandera en el extremo meridional del planeta.

El día de Año Nuevo de 1911 el Terra Nova avistó el monte Erebus. La visión de aquel volcán de más de 3.700 metros de altura indicaba que ya habían llegado al continente helado. En los meses siguientes se sucedieron las expediciones de exploración y preparación del terreno e hicieron aparición los problemas: problemas de avituallamiento, con los animales de relaciones personales (Oates y Scott, por ejemplo, nunca terminaron de congeniar), e incluso tuvieron que coincidir en ocasiones con sus oponentes noruegos.

El barco Terra Nova, que dio nombre a la expedición. Fuente: Wikipedia.

Así pasaron un año completando todo tipo de misiones de exploración y preparando travesías. Pero volvió enero, y eso significa verano en la Antártida. Un verano que dura apenas unos días pero que brinda las condiciones más propicias que aquel continente podía ofrecer para la conquista del objetivo. Cinco fueron los británicos escogidos para llevar a cabo la misión en 1912 (Wilson, Bowers, Evans, Oates y Scott), y cinco fueron también los noruegos que aspirarían a lo mismo. La carrera llegaba a su recta final.

Una semana después de su salida, cuando se encontraban a tan solo 24 kilómetros del objetivo, los cinco británicos se tropezaron con una tienda de campaña con una bandera noruega. En el interior encontraron algunos objetos abandonados por sus contrincantes, entre ellos una carta que Amundsen había redactado de su propio puño y letra dirigida al rey de Noruega y a la que acompañaba una nota en la que pedía a Scott que la entregara. Se trataba de un texto que pretendía servir de prueba de la hazaña noruega. La fecha de la carta, 14 de diciembre de 1911, no dejaba lugar a dudas: Amundsen le sacaba un mes de ventaja a Scott.

Los británicos en la tienda de campaña abandonada por Amundsen. Fuente: Wikipedia.

Pese a todo, Scott decidió seguir adelante y cuando al fin alcanzaron el Polo Sur el 18 de enero de 1912, confirmaron sus temores: los noruegos habían llegado mucho antes que ellos.

Decidieron emprender el regreso lo antes posible, pero el tiempo empezó a correr en su contra. El verano se fue mucho más rápido de lo que esperaban, y las temperaturas rondaban los 30 grados bajo cero y aumentaba el espesor de la nieve, haciendo más lento el avance. Al frío no tardó en sumarse el hambre, y el 17 de febrero la misión se cobró la primera víctima: Edgar Evans, el hombre de mayor edad de la expedición.

Y es aquí donde llegamos al inicio de la canción de WarCry. Esta canción no narra los hechos como tal, sino que se pone en la piel del propio Lawrence Oates y relata en primera (y en algún momento en tercera) persona lo que vivió en sus últimas horas:

Hoy, hoy la esperanza murió

cuando el frío congeló mis pies

en el mundo solo hay dolor

mi amor, se que te prometí volver.

En los días siguientes fue la salud de Oates la que se resintió: a la deshidratación y la desnutrición se sumaba, en su caso, el agravamiento de una antigua herida de guerra que sufrió en el pie. 

Y miro sus caras

suplicando una oportunidad

solo un estorbo puedo ser

mis piernas heladas, no les pueden ayudar

a regresar

La movilidad de Oates se redujo considerablemente a causa de la gangrena y la congelación de sus piernas, de forma que ya no podían completar los 24 kilómetros diarios que debían avanzar para completar a tiempo su itinerario, sino que los días que más avanzaban lograban hacer 10 kilómetros. Cada mañana, el dolor que sentía en los pies, hacía que solo ponerse el calzado le llevara alrededor de una hora de esfuerzo. «El pobre Oates es incapaz de seguir tirando», escribió Scott el 6 de marzo en su diario. Oates sabía perfectamente que era una carga para el grupo, pero también sabía que no lo abandonarían, así que tomó la difícil decisión:

Hoy, hoy tomé una decisión

quizás solos puedan volver

por la noche en sigilo me iré

ruego a Dios, que él me pueda perdonar

«Anteanoche durmió a pierna suelta, con la esperanza de no despertar nunca más, pero ayer por la mañana despertó de todos modos. Soplaba una ventisca y en un momento, dijo: “voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo”». Así contó Scott en su diario lo que sucedió el 16 de marzo.

‘A Very Gallant Gentleman’, pintura de John Charles Dollman (1913).

Oates abandonó la tienda de campaña y se obligó a caminar para alejarse de ella:

Me golpea el viento y aun así

me obligo a caminar

debo alejarme un poco más

Se hiela mi aliento

solo siento, no verte más

ya nunca más

Perdóname por partir así

este viaje solo para mí

recuérdame mejor de lo que fui

es muy tarde cielo sabes que te quiero

siento tanto tener que irme así

Solo en la noche él murió

en el frío hielo se hundió

el último aliento me pregunto

¿Qué es lo que pensó?

El militar británico se había dejado morir, y sus compañeros lo sabían, pues era ya prácticamente incapaz de moverse, es muy probable incluso que delante de ellos se hubiera tragado algunas pastillas de opio para hacer más llevadero el final y, sobre todo, porque antes de salir dio su diario a su compañero Wilson para que este lo entregara a su madre. Aunque por la canción de WarCry podría parecer que sus cartas iban dirigidas a su esposa, lo cierto es que toda la correspondencia que mantuvo Oates a lo largo de su viaje, y todo cuanto escribió en su diario, iba dirigido a su madre.

Fue precisamente Wilson quien hizo las últimas anotaciones en aquel diario: «Este es un final triste para nuestra empresa. […] Jamás había presenciado tanta valentía como la que demostró él en todo momento, aun con los dos pies congelados… jamás se quejó del dolor. Fue todo un ejemplo. Estimada señora Oates, al final me pidió que la visitara y le llevara su diario. También me pidió que le dijera que usted es la única mujer a la que quiso en su vida».

Efectivamente, sus compañeros eran conscientes de sus intenciones, pero también sabían que intentar detenerlo habría supuesto alargar su agonía y, muy probablemente, provocar su propia muerte. Lo que no sabían era cuál sería el desenlace para ellos.

Tan solo dos días después, el 29 de marzo de 1912, murieron los demás integrantes de la expedición: Henry Bowers, el capitán Robert Scott y Edward Wilson, que no pudo completar la misión que le había encargado Oates.

Tumba de Wilson, Bowers y Scott. Fuente: Wikipedia.

Algunas de las últimas anotaciones de Scott en su diario aun resultan estremecedoras:

«Nos hemos arriesgado, conscientes de lo que hacíamos; las cosas no han salido como esperábamos pero no podemos quejarnos, sino someternos a la voluntad de la providencia, procurando luchar hasta el final. Pero si nosotros hemos sido capaces de entregar nuestras vidas a esta empresa, para ensalzar el honor de nuestro país, debo apelar a mis compatriotas para que cuiden bien de aquellos que dependen de nosotros.

De haber sobrevivido, habría podido explicar una historia sobre la audacia, la resistencia y el coraje demostrados por mis compañeros, que habría conmocionado a todos los habitantes de Inglaterra. Estas notas improvisadas y nuestros cuerpos inertes contarán parte de la historia, pero sin duda, un país grande y rico como el nuestro será capaz de cuidar de aquellos que dependen de nosotros.

R. Scott».

Bibliografía:

Fiennes, R. (2003). Capitán Scott. Juventud.

Huntford, R. (2002). El último lugar de la Tierra. La carrera de Scott y Amundsen hacia el Polo Sur. Península.

Jones, M. (2005). La última gran aventura. El sacrificio del capitán Scott en la Antártida. Oberon.

Cacho, J. (2013). Shackleton, el indomable. El explorador que nunca llegó al Polo Sur. Forcola.

Cacho, J. (2017). Amundsen-Scott: duelo en la Antártida. Forcola.

Otras canciones que hablan de Lawrence Oates:

Héroes de la Antártida, de Mecano.

A Gallant Gentleman, de We Lost The Sea (aunque no tiene letra, el título extraído de la pintura de Dollman deja claro que se trata de un homenaje a él).

Sex Pistols y el concierto en que nació el punk

Guste más o menos, nadie duda que Sex Pistols es una de las bandas más influyentes de la historia de la música. A pesar de tener una trayectoria efímera (1975-1978) lograron influir a artistas de muy distintos estilos e intereses y de formas muy diversas. Sin embargo, su mayor aportación a la historia de la música tiene una fecha y un lugar concretos: el 4 de junio de 1976 en el Lesser Free Trade Hall de Manchester.

Sex Pistols en una actuación en Noruega en 1977. Fuente: Wikipedia.

Antes del concierto

Cuando pensamos en punk, inmediatamente se nos vienen dos nombres a la cabeza: Sex Pistols en Reino Unido, y Ramones en Estados Unidos. Sin embargo, cuando estos dos grupos comenzaron a tocar, a pesar de que ya había grupos rondando como The Stooges que iban abriendo camino, no existía el movimiento punk como tal. Pero apenas unos meses después de juntarse, los Sex Pistols lo crearían.

El evento al que nos referimos tuvo dos responsables principales: Pete Shelley y Howard Devoto (seudónimos de Peter McNeish y Howard Traford). Ambos eran por entonces estudiantes universitarios aficionados a la música, de hecho estaban dando sus primeros pasos con un grupo que acababan de formar. Cansados de la escena musical del momento, decidieron organizar un concierto en la facultad con una banda distinta a las habituales, así que contactaron con Sex Pistols.

Por aquel entonces Sex Pistols eran una banda que daba sus primeros pasos, y aunque a ellos y a su manager les gustó la idea, a los responsables de la universidad no les hizo mucha gracia pensar en esos jóvenes anarquistas y con esas pintas berreando por allí, así que evitaron que se celebrase el concierto. Pero Shelley y Devoto no estaban dispuestos a renunciar, así que simplemente cambiaron la ubicación del concierto por una aún mayor: el Lesser Free Trade Hall de Manchester. Comenzaron a imprimir carteles, a vender entradas… e incluso ellos mismos harían de teloneros con su banda: Buzzcocks.

Exterior del Free Trade Hall en Manchester. Fuente: Wikipedia.

El concierto

Llegó el gran día y, como buen mito fundacional, este concierto también cuenta con sus leyendas urbanas: y no, no hubo ni miles, ni siquiera unos cuantos cientos de personas. En realidad, algunos asistentes aquel 4 de junio de 1976, como el escritor David Nolan (autor del libro descriptivamente titulado I Swear I Was There: The Gig That Changed the World), afirman que había 40 personas.

Por otra parte, muchas de esas personas habían llegado al Free Trade Hall esperando el debut de Buzzcocks antes que la actuación de Sex Pistols. Sin embargo, Shelley y Devoto habían invertido mucho tiempo en preparar el concierto y habían dado de lado sus ensayos, así que en el último momento decidieron no tocar y que les sustituyese un grupo de rock progresivo llamado Solstice (una banda sin mayor trascendencia y que nada tiene que ver con el resto de grupos posteriores con que comparte nombre y estilo).

Los Sex Pistols actuando en Ámsterdam en 1977. Fuente: Wikipedia.

Para colmo, a nivel musical el concierto no fue especialmente bueno, y no hablamos de los teloneros, sino de los propios Sex Pistols. La mayor parte de los temas que interpretaron eran versiones de otros grupos, y casi todos los asistentes reconocen que no fue ningún alarde de virtuosismo.

Entonces, ¿qué tuvo de especial aquel concierto? En primer lugar, la actitud: ese «do it yourself» («hazlo tú mismo») que promovía Sex Pistols y que afirmaba que no hacía falta ser un gran músico, sino simplemente tener un mensaje que transmitir. Aquello caló muy hondo en esos cuarenta espectadores, que son además el segundo gran ingrediente que haría de aquel concierto el mito fundacional del movimiento punk.

¿Quiénes eran los espectadores?

Andrew O’Neill, en su libro La historia del heavy metal, bromea haciéndose eco de la leyenda de que todo el que asistió a ese concierto acabó formando un grupo de música. Y aunque no podemos saber si es cierto que la totalidad del público acabase creando sus propios proyectos musicales, a día de hoy sí que sabemos que fueron muchos los que lo hicieron. 

En primer lugar, los propios Shelley y Devoto retomaron sus ensayos inmediatamente después del concierto y su grupo, Buzzcocks, aun sigue en activo, y su disco Singles Going Steady está incluido en la lista de los 500 álbumes más grandes de todos los tiempos de la revista Rolling Stone.

Buzzcocks durante un concierto en Santander en 2011. Fuente: Flickr.

También estaba allí Mark Edward Smith, que más tarde fundaría la banda The Fall, disuelta en 2018 tras el fallecimiento del propio Smith.

Hablando de Smith… entre el público también estaba un grupo de adolescentes, incluido un tal Steven Patrick Morrissey, que unos años después, en 1982, acabaría formando el grupo The Smiths, considerada una de las mayores bandas de la historia del rock.

También estaba allí un joven Mick Hucknall, que a mediados de los ochenta fundaría Simply Red, también en activo en la actualidad. Aunque en su caso no parece que los Sex Pistols contribuyeran mucho a definir su estilo…

Después del concierto

Aquellos mismos asistentes fueron los que en las semanas siguientes hicieron de transmisores de la palabra de los Sex Pistols, de forma que consiguieron que el día 20 de junio del mismo año se repitiera la experiencia, pero esta vez con un poquito más de público, unos doscientos asistentes, y con el debut, ahora sí, de Buzzcocks.

Además, en este segundo concierto tampoco faltaron ilustres asistentes, pues se dejó caer por allí Ian Curtis, que en ese mismo año fundó Joy Division junto a otros dos asistentes al concierto: Peter Hook y Bernard Sumner. De hecho, en algunas publicaciones han contado que se conocieron allí mismo y que fue a raíz de este concierto que decidieron crear el grupo de culto del «Love Will Tear Us Apart».

Suponemos que en ese momento aún no eran conscientes de ello, pero los Sex Pistols acababan de articular el movimiento punk.

Solo dos meses después, el 1 de septiembre, fueron entrevistados por el presentador de televisión Tony Wilson, que tuvo la habilidad de saber ver que aquello se estaba convirtiendo en un estilo musical propio y en toda una cultura urbana. De alguna manera, la vida del propio presentador cambió a raíz de ese contacto con Sex Pistols.

Tony Wilson en un programa en 1991. Fuente: Wikipedia.

En 1978 Tony Wilson fundó la sala de conciertos The Factory que acogería las actuaciones de todos estos grupos para, inmediatamente, crear la discográfica independiente The Factory (o Factory Records). Sex Pistols, ya en el final de su carrera, fueron el primer gran éxito de la discográfica, lo que convirtió a la empresa en referencia del movimiento punk. Pero no solo ellos fueron apadrinados por The Factory, también muchos de los grupos que surgieron de aquel concierto realizaron sus primeros álbumes con esta discográfica: Joy Division, New Order, The Durrutti Column… El periodista se convirtió en un empresario de éxito que no circunscribió sus negocios a la discográfica, sino también a las salas de conciertos, siendo el fundador de otra mítica sala: The Haçienda en Manchester.

Es poco probable que Sex Pistols fueran conscientes en la década de los setenta de la trascendencia de aquel modesto concierto, sin embargo, sus asistentes reconocen a día de hoy la importancia que en sus vidas y sus carreras tuvo lo que presenciaron aquella noche. Un concierto que, con toda la razón, los medios de comunicación bautizaron años después como «the gig that changed the World» (el concierto que cambió el mundo).

Bibliografía:

Nolan, D. (2006). I Swear I Was There. The Gig That Changed the World. Independent Music Press.

O’Neill, A. (2018). La historia del heavy metal. Blackie books.

Strongman, P. (2008). La historia del punk. El movimiento juvenil que transformó la escena musical y social en los años 80. Ma Non Tropo.

1741 – Alestorm y el Sitio de Cartagena de Indias

To Cartagena we set sail!

Alestorm es un grupo escocés de folk metal que lo mismo te canta sobre una borrachera, que te cuentan con todo lujo de detalles un acontecimiento histórico con flotadores e hinchables con forma de patito. Siempre han demostrado que el sentido del humor y el cachondeo no están reñidos con la buena música, incluso cuando tratan temas tan serios como el asedio a Cartagena de Indias en 1741, como ocurre en la cuarta canción de su álbum Sunset on the Golden Age (2014) que lleva por título 1741 (The Battle of Cartagena).

Alestorm actuando en el Rockharz Open Air en 2015. Fuente: Wikipedia.

El título de la canción no deja lugar a dudas, nos remontamos al siglo XVIII: tras la Guerra de Sucesión española (1700-1715), que había involucrado a la práctica totalidad de las potencias europeas, Gran Bretaña se alzó como la fuerza hegemónica no solo por sus posesiones territoriales sino porque se le concedió el «asiento de negros», el permiso para vender esclavos en América, y el «navío de permiso», el permiso para comerciar con las colonias españolas en América. Ambos habían sido hasta entonces privilegios reservados a la Corona española. 

Comenzó entonces un período de creciente tensión entre el Imperio español, que buscaba recuperar algunos de los territorios y privilegios perdidos, y el Imperio británico, que trataba de aprovechar la decadencia española para aumentar su poder. Así, hubo roces continuos por territorios perdidos por España como Menora y Gibraltar, por la actividad comercial legal e ilegal de Inglaterra en las colonias españolas y los problemas fronterizos en América del Norte. Finalmente, toda esa tensión cristalizó en la llamada guerra del Asiento (1739-1748), que transcurrió en su mayor parte en el Caribe y que tuvo en el sitio de Cartagena de Indias uno de sus momentos de mayor trascendencia.

La letra de la canción es tan detallada, que intentaremos hacer un análisis pormenorizado para desentrañar los acontecimientos que nos narra, aunque sin perder de vista que Alestorm son escoceses y, por tanto, lo cuentan desde un punto de vista británico.

Sailing the raging seas

To distant lands unknown

Porto Bello fell in a day

Now Britannia rules the waves

Ya tenemos la primera alusión a un acontecimiento: Porto Bello (para nosotros a partir de ahora Portobelo) cayó en un día, dice la canción. Portobelo era uno de los puertos más importantes para el comercio español, en especial para la salida de la plata, pero también para el tráfico de esclavos. Su ubicación al norte del istmo de Panamá, aunque aún no existía el canal, lo convertía en un punto estratégico importantísimo. Por todo ello, no debe sorprendernos que se convirtiera en uno de los primeros objetivos de los navíos británicos.

Plano de la Bahía y Ciudad de Portobelo realizado por Jorge Juan, Antonio de Ulloa, Tomás López y Thomas Jefferys en el siglo XVIII. Fuente: Biblioteca Nacional de España.

Portobelo cayó con sorprendente facilidad, como dice la canción, en solo un día (entre el 20 y el 21 de noviembre de 1739). Al parecer, la incompetencia del gobernador había expuesto la ciudad y había dado lugar a la destrucción total del puerto.

Podría parecer que, por la alusión de la canción, Britannia era un buque. Y si bien es cierto que ha habido varios navíos ingleses con ese nombre y de hecho el propio Vernon sirvió en uno como alférez, en este caso parece que se trata más bien de una alegoría a Gran Bretaña. De hecho, fue la victoria en Portobelo la que inspiró el celebérrimo himno Rule Britannia, compuesto en 1740 y que dice precisamente: «Rule, Britannia! Britannia, rule the waves».

Thirty thousand men at arms

Red Ensign in the sky

To Cartagena we set sail

With blood and plunder we’ll prevail

«Dadme seis barcos y tomaré Portobelo», había dicho el almirante Vernon ante el Parlamento británico antes de partir. «¡Tomad once y someted Cartagena!», respondió el Parlamento.

Las noticias que llegaban de Portobelo hacían presagiar que se avecinaban tiempos difíciles para Cartagena de Indias, un puerto de aún mayor importancia que el de Portobelo ubicado al norte de la actual Colombia. Tal y como advierte la canción, ahora el objetivo era Cartagena.

Twice struck, and twice we’ve failed

But third time works a charm

The greatest fleet the world has seen

To fight the War of Jenkins’ Ear

Llegados a este punto de la canción, parece que aquí puede haber un poquito de lío. En ella se habla de tres ataques, dos en el pasado y uno que se avecina. Efectivamente, los británicos lanzaron contra Cartagena tres ataques: marzo de 1740, mayo de 1740 y marzo-mayo de 1741. Y los tres, como puedes ver, son posteriores a la destrucción del puerto de Portobelo. Si la canción trata el tercer ataque, como parece indicar, han metido la alusión a Portobelo quizá para darse algo más de importancia, porque efectivamente hubo otros ataques a esa ciudad, pero el ataque del que hablan en los versos anteriores es el de 1739.

Podría parecer que también se han venido un poco arriba con lo de «la flota más grande que el mundo ha visto», sin embargo, hay quien así la cita: casi 200 barcos y alrededor de 30.000 hombres (como se indicaba al inicio de la canción). Aunque estas afirmaciones en historia siempre son difíciles de hacer.

Pintura del asedio a Cartagena de Indias realizada por Luis Fernández Gordillo. Fuente: Fundación Museo Naval.

Y aquí llega un punto interesante: «para luchar la guerra de la Oreja de Jenkins». Resulta que la guerra del Asiento, recibe ese otro nombre en el mundo anglosajón. Ya hemos dicho que había varios motivos para la guerra, sin embargo, el detonante fue un episodio protagonizado por un contrabandista inglés, Robert Jenkins. Este hombre, junto a su barco y su tripulación, fue apresado en las costas de La Florida española, en América del Norte, por un buque español. En su encuentro, el capitán español cortó de tajo la oreja a Jenkins y le dijo que haría lo mismo al monarca británico si continuaban con sus actividades de contrabando. Jenkins regresó a Londres, donde consiguió ser escuchado por el Parlamento, que días después declararía la guerra a España.

Waters lash across the bow

Through Caribbean Seas

The year is 1741

The final battle has begun

Los barcos avanzan por tercera vez hacia Cartagena de Indias, y en marzo de 1741 llega la batalla final. Y llega también el estribillo:

The skies are burning with thunder

The seas are ablaze with flame

Set the course for Cartagena

The sands of time will remember our names

Estos versos se repiten una vez en el estribillo pero cambiando la última frase por una que viene muy bien para la temática de nuestro blog: History is written today («la historia se escribe hoy»).

Bocachica, una de las fortalezas de Cartagena de Indias. Fuente: Pixabay.

Across the sea-lashed deck

Our captain gives a cry

«Cartagena lies ahead

The Spanish foe will soon be dead!»

Y llegamos a la parte graciosa del tema: «el enemigo español pronto morirá», exclama el capitán con Cartagena al frente. En este punto de la canción, durante los conciertos en España en que la han interpretado, han parado a veces para hacer alguna broma y rebajar la tensión.

Portents of coming doom

Engulf the battle line

High above, the heavens sigh

A red light burning in the sky

Se ponen poéticos y llega una pequeña parte instrumental antes de que unas voces guturales digan:

An omen of dread

Which no man can deny

The legends hold true

We must turn back or die

Superstitious fools

Be gone from my sight

Blast the trumpets of war

And prepare for the fight

Se habla en estos versos de leyendas, de extrañas creencias y se llega a hablar de idiotas supersticiosos. En realidad tampoco es que se pongan muy poéticos los amigos de Alestorm, sino que, como en cualquier otro relato cargado de epicidad, en las crónicas que se refieren al sitio de Cartagena se citan varias supersticiones y creencias, tanto del lado español como del lado británico. El ataque a Cartagena comenzó el lunes 13 de marzo de 1741. El lunes era un día de la semana que dividía a los españoles, unos lo consideraban un día de buena suerte, otros un día funesto, pero con el 13 había consenso entre británicos y españoles para considerarlo un día de mala suerte. Tampoco ayudaba a los británicos que fuera la tercera vez que atacaban la ciudad, habiendo perdido estrepitosamente las dos primeras ocasiones.

Encaramos el final de la canción:

Hard to starboard

Man the cannons

And on my command, unleash hell!

FIRE! Show them your steel

Bring them to death on the battlefield

Ride on the wind, and conquer the foe

The legends be damned, to our deaths we will ago

«Todo a estribor, hombres a los cañones, y a mi orden, ¡desatad el infierno!». Estamos en la parte más épica de la canción y «¡Fuego!», gritan a coro los componentes del grupo.

Da la sensación de que se libró una gran batalla conforme los navíos arribaron a Cartagena, sin embargo, los británicos no estaban dispuestos a perder una tercera vez, así que se dispusieron a llevar a cabo un bloqueo. Vernon dio la orden de bloquear el puerto y empezar a rodear los fuertes que protegían la ciudad.

Cartagena estaba defendida por un contingente español diez veces menor que el británico. Al frente de la defensa se encontraba el almirante Blas de Lezo, un veterano vasco al que los años le habían pasado factura, pues se había quedado manco, cojo y tuerto, motivo por el cual lo habían apodado «Mediohombre». Sin embargo, no era la primera vez que Vernon se medía con él y sabía que no debía menospreciarlo.

Retrato de Blas de Lezo de autor desconocido. Fuente: Wikipedia.

Efectivamente, lo que parecía que se resolvería rápidamente se acabó convirtiendo en un asedio que se prolongó más de dos meses (del 13 de marzo al 20 de mayo).

Aunque no se habla de la derrota en la canción, el último verso antes de que vuelva a sonar el estribillo nos deja claro el destino de los británicos: «The legends be damned, to our deaths we will ago», a la mierda las leyendas, vamos hacia la muerte.

Pese a su inferioridad numérica, los españoles, gracias sobre todo a la experiencia e ingenio de Blas de Lezo, consiguieron repeler todas las tentativas de los ingleses. De forma que, sin recursos suficientes para un sitio tan largo, con el paso de las semanas los hombres de Vernon que no morían en batalla lo hacían a causa del hambre y las enfermedades. Así las cosas, las tropas británicas se retiraron el 20 de mayo de 1741 sabiendo que habían sido derrotadas en la batalla más decisiva de la guerra.

Finalmente, a pesar de los siete años más que duró la guerra y de la enorme cantidad de recursos movilizada por ambas partes, la guerra del Asiento terminó sin un claro vencedor, al final del conflicto la situación siguió siendo la misma que al principio. Sin embargo, ambas potencias encontrarían problemas más graves que resolver en sus respectivos territorios que les impedirían retomar un conflicto entre ellas, aunque aprovecharían otras guerras para seguir pinchándose mutuamente.

Bibliografía:

García Rivas, M. (2012). «En torno a la biografía de Blas de Lezo», en Itsas Memoria. Revista de estudios marítimos del País Vasco, 7, pp. 487-522. Untzi Museoa-Museo Naval de Donostia-San Sebastián.

Martínez Laínez, F. y Canales Torres, C. (2009). Banderas lejanas. La exploración, conquista y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos. EDAF.

Quintero Saravia, G. M. (2016). Don Blas de Lezo. Biografía de un marino español. EDAF.

Thomas, H. (1998). La trata de esclavos. Historia del tráfico de seres humanos de 1440 a 1879. Planeta.

Victoria, P. (2005). El día que España derrotó a Inglaterra. Altera.

¿Por qué fue Ozzy Osbourne a la cárcel?

«Mi padre siempre dijo que algún día yo haría algo grande: “Tengo un presentimiento contigo, John Osbourne”, solía decirme después de unas cuantas cervezas. “O acabas haciendo algo muy especial o acabas en la cárcel”. Y llevaba razón mi viejo. Antes de cumplir los dieciocho ya estaba en la cárcel».

Así comienza el primer capítulo de las memorias de Ozzy Osbourne (I Am Ozzy), mítico vocalista de Black Sabbath. 

El paso de Ozzy Osbourne por la cárcel es de sobra conocido, sin embargo, se ha mitificado mucho, y según el lugar donde busquemos encontraremos distintos motivos, se exagerará la condena, su experiencia, e incluso se encontrarán detalles erróneos como el que relaciona su paso por prisión con el célebre tatuaje con su nombre en los nudillos. ¿Qué hay de cierto en todo esto? Indaguemos en lo que el propio Ozzy cuenta al respecto.

John Michael Osbourne, que es su nombre real, nació en 1948 en el seno de una familia muy humilde de Aston, en Birmingham. A la cabeza de esta familia numerosa se encontraba su padre, trabajador nocturno de General Electric, y su madre, trabajadora diurna de la fábrica Lucas. Ambos engendraron seis hijos, tres niñas y tres niños, siendo Ozzy el mayor de los varones, pero menor que sus hermanas.

El pequeño Ozzy Osbourne. Fuente: El País.

Las dificultades económicas de la familia no eran ningún secreto, y Ozzy era perfectamente consciente de ello. Con quince años y terminado el colegio, el ambiente industrial y deprimido de Aston no ofrecía muchas opciones a un adolescente. Lo máximo a lo que aspiraban los jóvenes era a, con suerte, entrar como aprendiz en alguna fábrica. Y las únicas alternativas viables eran el ejército, la migración o la delincuencia.

En un primer momento, probó suerte con la primera vía, pasó por distintos trabajos pero la mayoría le duraron apenas un día, como fue el caso de su experiencia como afinador de bocinas de coche. Y cuando al fin encontró uno que le gustaba en un matadero, se encontró con unos compañeros que no hacían sino burlarse de él y gastarle bromas pesadas, hasta que un buen día Ozzy perdió los estribos y acabó pegando una paliza a uno de ellos.

Había intentado las otras dos vías, pero el ejército lo había rechazado y la migración era algo que no se podía plantear una persona sin unos recursos mínimos, así que, tras el despido del matadero, se lanzó a la última opción: el robo.

De niño había hecho ya sus pinitos robando manzanas, al principio solo para comer, y luego para vender. De ahí pasó al robo de parquímetros y, poco a poco, empezó a probarse en el mundo del robo en tienda. En sus memorias, él mismo se burla de sus escasas habilidades, pues repetía siempre el mismo modus operandi en los mismos sitios. Así que estaba cantado que tarde o temprano le pillarían.

No fue ningún asalto a una casa lo que lo llevó a la cárcel, tampoco un secuestro, robo con agresión ni ninguna otra teoría de esas que se pueden leer por internet, sino el robo en una tienda de ropa que ya había frecuentado anteriormente. 

En efecto, no era la primera vez que robaba en Sarah Clarke’s, pero sí que sería la última. La primera le había salido bien y había logrado vender todo lo robado, sin embargo en la fatídica ocasión que le llevaría a prisión había cometido una serie de patéticos errores: el primero, no llevar una linterna, así que a tientas cogió lo que pilló y, cuando por fin salió a la luz, descubrió que había robado petos y ropa interior de bebé. Y aquello, por lo que fuera, no tenía tanta salida en el mercado.

Volvió a entrar y se llevó un televisor, pero al saltar un muro cayó en una zanja de tal manera que quedó aplastado bajo el propio aparato. Así que cuando logró salir de debajo, tuvo que abandonar el televisor porque pesaba demasiado.

Y dicen que a la tercera va la vencida, y podría parecerlo, porque en su tercer asalto logró llevarse un puñado de camisas que sí que podría vender. Pero también cometió otro error que descubriría días más tarde, cuando la policía llamó a la puerta de su casa y uno de los agentes dijo: «A thumbless glove, eh?». El incompetente ladrón se había puesto guantes para llevar a cabo su robo, pero los guantes eran unos mitones, de los que no cubren los dedos.

Aunque se le ofreció no ir a la cárcel si pagaba una multa que incluso era asequible para su pobre familia, su padre se negó a pagarla para dar una lección a Ozzy, así que el juez le impuso tres meses de prisión que cumpliría en la decimonónica cárcel de Winson Green, en su propia ciudad. Tres meses, nada de seis meses ni mucho menos de años como se puede leer en algún sitio.

Prisión Winson Green. Además de Ozzy, otros presos ilustres que pasaron por sus celdas fueron Michael Collins o Ashley Blake. Fuente: itv.com.

De hecho, no llegó a cumplir ni tres meses, pues por buen comportamiento y por los trabajos realizados en prisión, se le permitió salir a las seis semanas. No obstante, el mismo Ozzy ha reconocido en varias entrevistas y en sus propias memorias que aquella breve estancia le bastó para saber que no quería volver a pisar un lugar como aquel. La violencia y la continua tensión que pudo ver (aunque no la sufrió directamente) le produjo tal rechazo, que hasta el día de hoy ha bordeado la legalidad lo justo para no tener que entrar de nuevo en prisión. Él mismo reconoció años después que su padre hizo bien al no pagar aquella multa y hacerle pasar por aquella experiencia.

Ozzy Osbourne junto a sus padres. Fuente: El País.

Si bien no sufrió ninguna agresión ni nada parecido en su paso por Winson Green, vio de cerca situaciones traumáticas, así que optó por esa colaboración para poder salir lo antes posible. Y mientras tanto mataba el tiempo como podía, siendo uno de sus entretenimientos los tatuajes. Era común entre los presos tatuarse distintos motivos con punzones y tinta china. En su caso, se tatuó una cosa un tanto extraña: el retrato de Simon Templar, un personaje de ficción de una serie de televisión británica llamada El Santo, muy de moda por entonces.

¿Y su nombre en los dedos? Otro de los mitos en torno a su paso por la cárcel es el de que fue allí donde se hizo el mítico tatuaje de «O-Z-Z-Y» en los nudillos, y así se puede leer en distintos blogs e incluso en el libro Sabbath Bloody Sabbath (J. McIver, 2014). Sin embargo, en su propia autobiografía cuenta que, lejos de toda épica, ese tatuaje (que obviamente ha sido retocado muchas veces) se lo hizo en realidad antes de entrar en prisión, con diecisiete años, y fue en un parque, sin que mediasen barrotes ni carceleros. Que, por cierto, quizá en ese gesto hubiera algún tipo de inspiración en su abuela, que llevaba tatuadas las iniciales de su marido.

Hacia finales de 1966, Ozzy salió de la cárcel muerto de frío y con dieciocho años pero habiendo aprendido una valiosa lección: a partir de entonces la posibilidad de volver a prisión se añadiría a su larga lista de fobias, y aunque a lo largo de su vida sería detenido una cuantas veces más, sería siempre por delitos y faltas menores que no le supondrían poner un pie nunca más en la cárcel.

Fotografía de la ficha policial de Ozzy Osbourne, arrestado en 1984 por intoxicación pública. Fuente: El País.

Apenas un año después de su salida de prisión, en 1967, Geezer Butler daría forma a su primer proyecto musical para el que contó con Ozzy como vocalista. La vida del joven de Birmingham estaba a punto de cambiar y, muy pronto, las fábricas, los mataderos y los robos quedarían atrás.

Bibliografía:

McIver, J. (2014). Sabbath Bloody Sabbath. Omnibus Press.

Osbourne, O., y Ayres, Ch. (2011). I Am Ozzy. Grand Central.

Crawford, S. (2003). Ozzy Unathorized. Michael O’Mara Books.