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Northwest Passage – Unleash the Archers y el seudohimno de Canadá

Cuando uno revisa las escuchas del grupo de power metal Unleash the Archers, en seguida se da cuenta de que una canción despunta sobre todas las demás. Con más de 10 millones de escuchas, Northwest Passage es la canción más escuchada con mucha diferencia, y llama la atención por muchos motivos: se publicó hace menos tiempo que muchos de los demás singles de éxito de la banda, la temática difiere del resto de temas del grupo y, sobre todo, es una versión de una canción de un género musical completamente distinto.

Unleash the Archers. Fuente: unleashthearchers.com

¿Qué es y de quién es Northwest Passage?

Northwest Passage es una canción escrita por el músico folk canadiense Stan Rogers. Se trata de una canción a capella que se publicó en 1981 y que inmediatamente tuvo una excelente acogida entre el público canadiense, que con el paso del tiempo llegó a considerarlo algo así como un himno no oficial de Canadá, siendo interpretado en ocasiones especiales e incluso reconocido por políticos del país que no dudan en llevarse la mano al pecho y corearla cuando suena.

Versión original de la canción

Tal es la relevancia del tema para los canadienses, que Unleash the Archers no es, ni de lejos, la única banda que se ha atrevido a interpretarla. Existen versiones de grupos de punk como The Real Mackenzies o The Dreadnoughts, pero incluso fuera de Canadá ha sido versionada por cantantes como Judy Collins y Jonas Fjeld.

En agosto de 2019 Unleash the Archers publicó un EP de adelanto de su álbum de estudio Explorers, que se publicaría unos meses después. Y con ocasión de la publicación, el propio grupo explicó la importancia de la canción para ellos: se trataba de un tema que escuchaban durante sus giras, en especial cuando regresaban a casa y como canadienses se sentían muy identificados con su letra y con su intérprete original, Stan Rogers.

Portada del álbum Explorers (2019). Fuente: unleashthearchers.bandcamp.com

Pero ¿qué dice la canción? ¿Por qué es tan importante para tantos canadienses?

Que este tema sea considerado un himno no oficial en Canadá no es casual. Si está considerado así es porque reúne todas las claves para serlo, y no nos referimos solo a lo musical, que también teniendo en cuenta esos coros a capella que invitan a cantar cuando la escuchas, sino a su contenido: referencias a la geografía canadiense, a personajes históricos y metáforas para sentirte identificado con estos.

Cuando Stan Rogers escribió esta canción pretendía establecer una comparativa entre su propia experiencia viajando de gira por Canadá y esos grandes exploradores que marcaron hitos en la historia canadiense. Por eso, en su nota, Unleash the Archers explicaron que después de tantas giras por su país, entendían cómo se sentía Rogers, y escuchar su canción les trasladaba a casa cuando estaban fuera.

Veamos entonces quiénes son esas personas y esos lugares que cita la canción.

La canción, para que te acompañe durante la lectura.

Referencias históricas y geográficas

La canción de Unleash the Archers, como la original, comienza con un coro que canta el estribillo a capella, y dice:

Ah, for just one time I would take the Northwest Passage

To find the hand of Franklin reaching for the Beaufort Sea

Tracing one warm line through a land so wide and savage

And make a Northwest Passage to the sea

(Por una vez tomaría el Paso del Noroeste

para encontrar la mano de Franklin alcanzando el mar de Beaufort

trazando una cálida línea a través de la extensa y salvaje tierra

y hacer un Paso del Noroeste hacia el mar)

El Paso del Noroeste que da nombre a la canción es la ruta marítima que debía comunicar las tierras de Norteamérica y el océano Atlántico con el Pacífico a través del círculo polar Ártico. La idea de que existiera esta ruta, animó a exploradores a emprender expediciones de lo más peligrosas a través del océano Ártico desde muchos siglos atrás.

Una de las más célebres expediciones fue la liderada por John Franklin, el Franklin citado en el segundo verso, un oficial de la Armada Real británica que ya había participado en otras exploraciones árticas y que a mediados del siglo XIX encabezó una nueva con el objetivo de abrir explorar y documentar las etapas finales del Paso del Noroeste. Sin embargo, los barcos y la tripulación quedaron atrapados en el hielo en el estrecho Victoria, en el archipiélago ártico canadiense, cuando intentaban alcanzar el mar de Beaufort, al oeste.

John Franklin. Fuente: Wikipedia.

Fueron varias las expediciones que se enviaron en busca de los barcos y los hombres de Franklin, pero durante años lo único que se encontraron fueron algunos objetos, las tumbas de algunos marineros y los testimonios de los inuits que se habían cruzado con ellos. Finalmente en 1981, el mismo año en que Stan Rogers escribió y publicó la canción, un equipo de la Universidad de Alberta, examinó algunos cuerpos encontrados de la expedición y dieron con causas de la muerte tan distintas como hambre, envenenamiento por plomo, escorbuto, hipotermia, etc. Incluso hallaron evidencias de canibalismo que habrían practicado algunos miembros de la expedición.

Después del estribillo que abre la canción, comienza una estrofa que interpreta la lideresa del grupo, Brittney Hayes, también a capella, y que dice:

Westward from the Davis Strait ‘tis there it was said to lie

The sea route to the Orient for which so many died

Seeking gold and glory, leaving weathered, broken bones

And a long-forgotten lonely cairn of stones

(Hacia el oeste, desde el estrecho de Davis, donde se decía que yacía

la ruta marítima a oriente por la que tantos murieron

buscando oro y gloria, dejando huesos desgastados y rotos

y solo un montón de piedras olvidadas desde hace mucho tiempo)

Y es que la de Franklin no fue la única ni mucho menos la primera de las expediciones que se llevaron a cabo, sino que desde el mismo momento en que los europeos fueron conscientes de la existencia del continente americano, trataron de buscar rutas que permitieran circunnavegarlo o atravesarlo con barcos para poder llegar a oriente. Y como bien dice la canción, la principal motivación era el oro, el comercio con Asia.

En ese contexto, los exploradores británicos llevaron a cabo varios intentos por el norte, a través de ese Paso del Noroeste. Uno de esos exploradores fue John Davis, otro de esos incansables buscadores del paso hacia el Pacífico, aunque en su caso, siglos antes que Franklin. En el siglo XVI John Davis exploró varios territorios de Norteamérica y el Ártico, llegando incluso a bautizarlos él mismo con nombres que hacían referencia a otros exploradores. Esta costumbre sería continuada en la época durante mucho tiempo, y hoy encontramos lugares tan importantes como la bahía de Hudson, en honor al explorador del siglo XVI Henry Hudson; el mar de Baffin, en honor al explorador William Baffin; o ese estrecho de Davis que cita la canción en honor a este John Davis.

Algunos de los lugares citados para ubicarnos.

Y aunque Hudson, Baffin y Davis no son buenos ejemplos de ello, es cierto lo que dice la canción de que la mayor parte de las expediciones que trataron de llegar a oriente por el norte tuvieron un triste final, como le sucedió a otros exploradores como James Hall o el ya citado Franklin.

La canción vuelve de nuevo al estribillo, pero al coro esta vez le acompaña el grupo al completo, con batería, bajo y guitarra. Y comienza una nueva estrofa:

Three centuries thereafter, I take passage overland

In the footsteps of brave Kelso, where his sea of flowers began

Watching cities rise before me, then behind me sink again

This tardiest explorer, driving hard across the plain

(Tres siglos después, tomo un paso por tierra

tras los pasos del valiente Kelso, donde comenzó su mar de flores

viendo ciudades levantarse ante mí, luego se hunden de nuevo tras de mí

este explorador más tardío conduciendo duro a través de la llanura)

Aquí ya se hace evidente la comparativa que buscaba Rogers al ponerse como protagonista de una nueva exploración, la suya, que le lleva a descubrir que ahora se levantan ciudades en los territorios que otros exploraron varios siglos atrás, cuando aún eran tierras despobladas.

Aunque el autor dice que sigue los pasos de Kelso, en realidad se refiere a Henry Kelsey, un comerciante británico considerado un héroe nacional en Canadá por haber sido un pionero en la apertura de rutas a lo largo y ancho del país y por la exploración de nuevas regiones como Alberta. Por otro lado, la referencia al mar de flores se debe a que Kelsey promovió la instalación de comunidades agrícolas por Canadá que habrían dado forma a un “mar de flores” en referencia a la visión de las grandes praderas cultivadas.

Comienza una nueva estrofa con varias referencias:

And through the night, behind the wheel, the mileage clicking west

I think upon Mackenzie, David Thompson and the rest

Who cracked the mountain ramparts and did show a path for me

To race the roaring Fraser to the sea

(Y a través de la noche, detrás del volante, haciendo kilómetros hacia el oeste

pienso en Mackenzie, David Thompson y el resto

quienes rompieron las murallas de las montañas y me mostraron el camino

para competir con el rugiente Fraser hacia el mar)

Alexander Mackenzie fue otro comerciante que, como Kelsey, abrió nuevas rutas y exploró nuevos territorios por Canadá, incluyendo en noroeste del país, un territorio indómito y desconocido hasta entonces, pues había que vencer cadenas montañosas como las que hoy llevan el nombre de este comerciante, los montes Mackenzie (si te lo preguntas, el nombre del grupo The Real McKenzies no hace referencia ni a este explorador ni a estos montes, sino a su fundador, Paul McKenzie).

Alexander MacKenzie. Fuente: Wikipedia.

El otro citado, David Thompson, guarda relación esto mismo, pues fue el primer cartógrafo que dio noticias de las tierras de Norteamérica más allá de las Montañas Rocosas o las montañas Cascade.

Suena el estribillo una vez más y vuelve una última estrofa con la que os dejamos, pues es la que mejor ilustra la intención de su autor y ya no tiene referencias que comentar:

How then am I so different from the first men through this way

Like them I left a settled life, I threw it all away

To seek a Northwest Passage at the call of many men

To find there but the road back home again

(Entonces ¿soy tan diferente de los primeros hombres a través de este camino?

Como ellos dejé una vida acomodada, lo tiré todo

para encontrar un Paso del Noroeste atendiendo la llamada de muchos hombres

Para encontrar allí el camino de vuelta a casa otra vez)

Referencias

  • Álvaro, S., y Azpiazu, J. M. (2019). La vida en los confines de la Tierra. Vivencias de los exploradores polares para inspirar nuestro día a día. Lunwerg.
  • Peláez, J. (2019). 500 años de frío. Crítica.
  • Reddit del grupo: reddit.com/r/UnleashTheArchers/

Capitán Lawrence – WarCry y la carrera por la Antártida

«Voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo».

Estas son las últimas palabras que según el diario de expedición de Robert Scott, el célebre explorador de la Antártida, pronunció uno de sus hombres justo antes de abandonarlos para hacer uno de los mayores sacrificios de la historia.

La discografía de WarCry está llena de canciones de temática histórica, pero queríamos empezar con un personaje y un acontecimiento no tan conocido como otros que tratan en sus letras. En esta caso se trata del explorador británico Lawrence Oates, y la historia de su triste final nos la cuenta el grupo de heavy metal asturiano en la cuarta canción del álbum El sello de los tiempos (2002) con el título Capitán Lawrence.

La canción: Capitán Lawrence

A principios del siglo XX quedaban pocos lugares en el mundo por explorar, sin embargo, el frío continente de la Antártida ofrecía aun muchas posibilidades a los intrépidos y temerarios que se atrevieran a enfrentarse a algunas de las peores condiciones climáticas a las que se pueda enfrentar un ser humano. Pero esto no parecía ser un freno para personalidades como Ernest Shackleton, Roald Amundsen o Robert Scott.

Fue precisamente este último, el británico que había hecho grandes descubrimientos en aquel continente, quien en 1910 aceptó al protagonista de nuestra historia, Lawrence Oates, en su nueva expedición para conquistar el Polo Sur.

En su expedición anterior se habían producido algunos problemas con los ponis que portaban la carga, y eso había retrasado o frustrado algunos objetivos, así que de aquella experiencia Scott había aprendido que necesitaba llevar consigo a una persona experta en asuntos ecuestres, y cuando vio el currículum de Oates, decidió contar con él (aunque también ayudó que hiciera una donación de 1.000 libras a la expedición). 

Oates con los caballos de la expedición. Fuente: Wikipedia.

Oates procedía de una familia adinerada, y su experiencia con los caballos se debía a su paso por las caballerizas de Gestingthorpe cuando era joven, pero también a su paso por el ejército, en especial a su servicio en India. Sin embargo, el mundo militar no le había causado buena impresión, así que cuando en 1909 escuchó hablar de la expedición del capitán Scott, decidió probar suerte. La jugada le salió bien, pues Scott no solo contaría con él para la expedición, sino que formaría parte del selecto grupo de cuatro hombres que le acompañaría al Polo llegado el momento.

El día 15 de julio de 1910 el Terra Nova, el barco de la expedición, zarpó del puerto de Cardiff. Pero cuando arribó a Australia, llegó la mala noticia: «Le informo que el Fram va de camino a la Antártida». Era un telegrama del noruego Roald Amundsen informando de que su barco, el Fram, tenía el mismo rumbo que el Terra Nova. La expedición noruega también tenía como propósito alcanzar el Polo Sur, de forma que a partir de ese momento todos los acontecimientos se precipitaron y comenzó una auténtica carrera entre ambas expediciones por clavar su bandera en el extremo meridional del planeta.

El día de Año Nuevo de 1911 el Terra Nova avistó el monte Erebus. La visión de aquel volcán de más de 3.700 metros de altura indicaba que ya habían llegado al continente helado. En los meses siguientes se sucedieron las expediciones de exploración y preparación del terreno e hicieron aparición los problemas: problemas de avituallamiento, con los animales de relaciones personales (Oates y Scott, por ejemplo, nunca terminaron de congeniar), e incluso tuvieron que coincidir en ocasiones con sus oponentes noruegos.

El barco Terra Nova, que dio nombre a la expedición. Fuente: Wikipedia.

Así pasaron un año completando todo tipo de misiones de exploración y preparando travesías. Pero volvió enero, y eso significa verano en la Antártida. Un verano que dura apenas unos días pero que brinda las condiciones más propicias que aquel continente podía ofrecer para la conquista del objetivo. Cinco fueron los británicos escogidos para llevar a cabo la misión en 1912 (Wilson, Bowers, Evans, Oates y Scott), y cinco fueron también los noruegos que aspirarían a lo mismo. La carrera llegaba a su recta final.

Una semana después de su salida, cuando se encontraban a tan solo 24 kilómetros del objetivo, los cinco británicos se tropezaron con una tienda de campaña con una bandera noruega. En el interior encontraron algunos objetos abandonados por sus contrincantes, entre ellos una carta que Amundsen había redactado de su propio puño y letra dirigida al rey de Noruega y a la que acompañaba una nota en la que pedía a Scott que la entregara. Se trataba de un texto que pretendía servir de prueba de la hazaña noruega. La fecha de la carta, 14 de diciembre de 1911, no dejaba lugar a dudas: Amundsen le sacaba un mes de ventaja a Scott.

Los británicos en la tienda de campaña abandonada por Amundsen. Fuente: Wikipedia.

Pese a todo, Scott decidió seguir adelante y cuando al fin alcanzaron el Polo Sur el 18 de enero de 1912, confirmaron sus temores: los noruegos habían llegado mucho antes que ellos.

Decidieron emprender el regreso lo antes posible, pero el tiempo empezó a correr en su contra. El verano se fue mucho más rápido de lo que esperaban, y las temperaturas rondaban los 30 grados bajo cero y aumentaba el espesor de la nieve, haciendo más lento el avance. Al frío no tardó en sumarse el hambre, y el 17 de febrero la misión se cobró la primera víctima: Edgar Evans, el hombre de mayor edad de la expedición.

Y es aquí donde llegamos al inicio de la canción de WarCry. Esta canción no narra los hechos como tal, sino que se pone en la piel del propio Lawrence Oates y relata en primera (y en algún momento en tercera) persona lo que vivió en sus últimas horas:

Hoy, hoy la esperanza murió

cuando el frío congeló mis pies

en el mundo solo hay dolor

mi amor, se que te prometí volver.

En los días siguientes fue la salud de Oates la que se resintió: a la deshidratación y la desnutrición se sumaba, en su caso, el agravamiento de una antigua herida de guerra que sufrió en el pie. 

Y miro sus caras

suplicando una oportunidad

solo un estorbo puedo ser

mis piernas heladas, no les pueden ayudar

a regresar

La movilidad de Oates se redujo considerablemente a causa de la gangrena y la congelación de sus piernas, de forma que ya no podían completar los 24 kilómetros diarios que debían avanzar para completar a tiempo su itinerario, sino que los días que más avanzaban lograban hacer 10 kilómetros. Cada mañana, el dolor que sentía en los pies, hacía que solo ponerse el calzado le llevara alrededor de una hora de esfuerzo. «El pobre Oates es incapaz de seguir tirando», escribió Scott el 6 de marzo en su diario. Oates sabía perfectamente que era una carga para el grupo, pero también sabía que no lo abandonarían, así que tomó la difícil decisión:

Hoy, hoy tomé una decisión

quizás solos puedan volver

por la noche en sigilo me iré

ruego a Dios, que él me pueda perdonar

«Anteanoche durmió a pierna suelta, con la esperanza de no despertar nunca más, pero ayer por la mañana despertó de todos modos. Soplaba una ventisca y en un momento, dijo: “voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo”». Así contó Scott en su diario lo que sucedió el 16 de marzo.

‘A Very Gallant Gentleman’, pintura de John Charles Dollman (1913).

Oates abandonó la tienda de campaña y se obligó a caminar para alejarse de ella:

Me golpea el viento y aun así

me obligo a caminar

debo alejarme un poco más

Se hiela mi aliento

solo siento, no verte más

ya nunca más

Perdóname por partir así

este viaje solo para mí

recuérdame mejor de lo que fui

es muy tarde cielo sabes que te quiero

siento tanto tener que irme así

Solo en la noche él murió

en el frío hielo se hundió

el último aliento me pregunto

¿Qué es lo que pensó?

El militar británico se había dejado morir, y sus compañeros lo sabían, pues era ya prácticamente incapaz de moverse, es muy probable incluso que delante de ellos se hubiera tragado algunas pastillas de opio para hacer más llevadero el final y, sobre todo, porque antes de salir dio su diario a su compañero Wilson para que este lo entregara a su madre. Aunque por la canción de WarCry podría parecer que sus cartas iban dirigidas a su esposa, lo cierto es que toda la correspondencia que mantuvo Oates a lo largo de su viaje, y todo cuanto escribió en su diario, iba dirigido a su madre.

Fue precisamente Wilson quien hizo las últimas anotaciones en aquel diario: «Este es un final triste para nuestra empresa. […] Jamás había presenciado tanta valentía como la que demostró él en todo momento, aun con los dos pies congelados… jamás se quejó del dolor. Fue todo un ejemplo. Estimada señora Oates, al final me pidió que la visitara y le llevara su diario. También me pidió que le dijera que usted es la única mujer a la que quiso en su vida».

Efectivamente, sus compañeros eran conscientes de sus intenciones, pero también sabían que intentar detenerlo habría supuesto alargar su agonía y, muy probablemente, provocar su propia muerte. Lo que no sabían era cuál sería el desenlace para ellos.

Tan solo dos días después, el 29 de marzo de 1912, murieron los demás integrantes de la expedición: Henry Bowers, el capitán Robert Scott y Edward Wilson, que no pudo completar la misión que le había encargado Oates.

Tumba de Wilson, Bowers y Scott. Fuente: Wikipedia.

Algunas de las últimas anotaciones de Scott en su diario aun resultan estremecedoras:

«Nos hemos arriesgado, conscientes de lo que hacíamos; las cosas no han salido como esperábamos pero no podemos quejarnos, sino someternos a la voluntad de la providencia, procurando luchar hasta el final. Pero si nosotros hemos sido capaces de entregar nuestras vidas a esta empresa, para ensalzar el honor de nuestro país, debo apelar a mis compatriotas para que cuiden bien de aquellos que dependen de nosotros.

De haber sobrevivido, habría podido explicar una historia sobre la audacia, la resistencia y el coraje demostrados por mis compañeros, que habría conmocionado a todos los habitantes de Inglaterra. Estas notas improvisadas y nuestros cuerpos inertes contarán parte de la historia, pero sin duda, un país grande y rico como el nuestro será capaz de cuidar de aquellos que dependen de nosotros.

R. Scott».

Bibliografía:

Fiennes, R. (2003). Capitán Scott. Juventud.

Huntford, R. (2002). El último lugar de la Tierra. La carrera de Scott y Amundsen hacia el Polo Sur. Península.

Jones, M. (2005). La última gran aventura. El sacrificio del capitán Scott en la Antártida. Oberon.

Cacho, J. (2013). Shackleton, el indomable. El explorador que nunca llegó al Polo Sur. Forcola.

Cacho, J. (2017). Amundsen-Scott: duelo en la Antártida. Forcola.

Otras canciones que hablan de Lawrence Oates:

Héroes de la Antártida, de Mecano.

A Gallant Gentleman, de We Lost The Sea (aunque no tiene letra, el título extraído de la pintura de Dollman deja claro que se trata de un homenaje a él).