Capitán Lawrence – WarCry y la carrera por la Antártida

«Voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo».

Estas son las últimas palabras que según el diario de expedición de Robert Scott, el célebre explorador de la Antártida, pronunció uno de sus hombres justo antes de abandonarlos para hacer uno de los mayores sacrificios de la historia.

La discografía de WarCry está llena de canciones de temática histórica, pero queríamos empezar con un personaje y un acontecimiento no tan conocido como otros que tratan en sus letras. En esta caso se trata del explorador británico Lawrence Oates, y la historia de su triste final nos la cuenta el grupo de heavy metal asturiano en la cuarta canción del álbum El sello de los tiempos (2002) con el título Capitán Lawrence.

La canción: Capitán Lawrence

A principios del siglo XX quedaban pocos lugares en el mundo por explorar, sin embargo, el frío continente de la Antártida ofrecía aun muchas posibilidades a los intrépidos y temerarios que se atrevieran a enfrentarse a algunas de las peores condiciones climáticas a las que se pueda enfrentar un ser humano. Pero esto no parecía ser un freno para personalidades como Ernest Shackleton, Roald Amundsen o Robert Scott.

Fue precisamente este último, el británico que había hecho grandes descubrimientos en aquel continente, quien en 1910 aceptó al protagonista de nuestra historia, Lawrence Oates, en su nueva expedición para conquistar el Polo Sur.

En su expedición anterior se habían producido algunos problemas con los ponis que portaban la carga, y eso había retrasado o frustrado algunos objetivos, así que de aquella experiencia Scott había aprendido que necesitaba llevar consigo a una persona experta en asuntos ecuestres, y cuando vio el currículum de Oates, decidió contar con él (aunque también ayudó que hiciera una donación de 1.000 libras a la expedición). 

Oates con los caballos de la expedición. Fuente: Wikipedia.

Oates procedía de una familia adinerada, y su experiencia con los caballos se debía a su paso por las caballerizas de Gestingthorpe cuando era joven, pero también a su paso por el ejército, en especial a su servicio en India. Sin embargo, el mundo militar no le había causado buena impresión, así que cuando en 1909 escuchó hablar de la expedición del capitán Scott, decidió probar suerte. La jugada le salió bien, pues Scott no solo contaría con él para la expedición, sino que formaría parte del selecto grupo de cuatro hombres que le acompañaría al Polo llegado el momento.

El día 15 de julio de 1910 el Terra Nova, el barco de la expedición, zarpó del puerto de Cardiff. Pero cuando arribó a Australia, llegó la mala noticia: «Le informo que el Fram va de camino a la Antártida». Era un telegrama del noruego Roald Amundsen informando de que su barco, el Fram, tenía el mismo rumbo que el Terra Nova. La expedición noruega también tenía como propósito alcanzar el Polo Sur, de forma que a partir de ese momento todos los acontecimientos se precipitaron y comenzó una auténtica carrera entre ambas expediciones por clavar su bandera en el extremo meridional del planeta.

El día de Año Nuevo de 1911 el Terra Nova avistó el monte Erebus. La visión de aquel volcán de más de 3.700 metros de altura indicaba que ya habían llegado al continente helado. En los meses siguientes se sucedieron las expediciones de exploración y preparación del terreno e hicieron aparición los problemas: problemas de avituallamiento, con los animales de relaciones personales (Oates y Scott, por ejemplo, nunca terminaron de congeniar), e incluso tuvieron que coincidir en ocasiones con sus oponentes noruegos.

El barco Terra Nova, que dio nombre a la expedición. Fuente: Wikipedia.

Así pasaron un año completando todo tipo de misiones de exploración y preparando travesías. Pero volvió enero, y eso significa verano en la Antártida. Un verano que dura apenas unos días pero que brinda las condiciones más propicias que aquel continente podía ofrecer para la conquista del objetivo. Cinco fueron los británicos escogidos para llevar a cabo la misión en 1912 (Wilson, Bowers, Evans, Oates y Scott), y cinco fueron también los noruegos que aspirarían a lo mismo. La carrera llegaba a su recta final.

Una semana después de su salida, cuando se encontraban a tan solo 24 kilómetros del objetivo, los cinco británicos se tropezaron con una tienda de campaña con una bandera noruega. En el interior encontraron algunos objetos abandonados por sus contrincantes, entre ellos una carta que Amundsen había redactado de su propio puño y letra dirigida al rey de Noruega y a la que acompañaba una nota en la que pedía a Scott que la entregara. Se trataba de un texto que pretendía servir de prueba de la hazaña noruega. La fecha de la carta, 14 de diciembre de 1911, no dejaba lugar a dudas: Amundsen le sacaba un mes de ventaja a Scott.

Los británicos en la tienda de campaña abandonada por Amundsen. Fuente: Wikipedia.

Pese a todo, Scott decidió seguir adelante y cuando al fin alcanzaron el Polo Sur el 18 de enero de 1912, confirmaron sus temores: los noruegos habían llegado mucho antes que ellos.

Decidieron emprender el regreso lo antes posible, pero el tiempo empezó a correr en su contra. El verano se fue mucho más rápido de lo que esperaban, y las temperaturas rondaban los 30 grados bajo cero y aumentaba el espesor de la nieve, haciendo más lento el avance. Al frío no tardó en sumarse el hambre, y el 17 de febrero la misión se cobró la primera víctima: Edgar Evans, el hombre de mayor edad de la expedición.

Y es aquí donde llegamos al inicio de la canción de WarCry. Esta canción no narra los hechos como tal, sino que se pone en la piel del propio Lawrence Oates y relata en primera (y en algún momento en tercera) persona lo que vivió en sus últimas horas:

Hoy, hoy la esperanza murió

cuando el frío congeló mis pies

en el mundo solo hay dolor

mi amor, se que te prometí volver.

En los días siguientes fue la salud de Oates la que se resintió: a la deshidratación y la desnutrición se sumaba, en su caso, el agravamiento de una antigua herida de guerra que sufrió en el pie. 

Y miro sus caras

suplicando una oportunidad

solo un estorbo puedo ser

mis piernas heladas, no les pueden ayudar

a regresar

La movilidad de Oates se redujo considerablemente a causa de la gangrena y la congelación de sus piernas, de forma que ya no podían completar los 24 kilómetros diarios que debían avanzar para completar a tiempo su itinerario, sino que los días que más avanzaban lograban hacer 10 kilómetros. Cada mañana, el dolor que sentía en los pies, hacía que solo ponerse el calzado le llevara alrededor de una hora de esfuerzo. «El pobre Oates es incapaz de seguir tirando», escribió Scott el 6 de marzo en su diario. Oates sabía perfectamente que era una carga para el grupo, pero también sabía que no lo abandonarían, así que tomó la difícil decisión:

Hoy, hoy tomé una decisión

quizás solos puedan volver

por la noche en sigilo me iré

ruego a Dios, que él me pueda perdonar

«Anteanoche durmió a pierna suelta, con la esperanza de no despertar nunca más, pero ayer por la mañana despertó de todos modos. Soplaba una ventisca y en un momento, dijo: “voy a salir y quizá esté fuera algún tiempo”». Así contó Scott en su diario lo que sucedió el 16 de marzo.

‘A Very Gallant Gentleman’, pintura de John Charles Dollman (1913).

Oates abandonó la tienda de campaña y se obligó a caminar para alejarse de ella:

Me golpea el viento y aun así

me obligo a caminar

debo alejarme un poco más

Se hiela mi aliento

solo siento, no verte más

ya nunca más

Perdóname por partir así

este viaje solo para mí

recuérdame mejor de lo que fui

es muy tarde cielo sabes que te quiero

siento tanto tener que irme así

Solo en la noche él murió

en el frío hielo se hundió

el último aliento me pregunto

¿Qué es lo que pensó?

El militar británico se había dejado morir, y sus compañeros lo sabían, pues era ya prácticamente incapaz de moverse, es muy probable incluso que delante de ellos se hubiera tragado algunas pastillas de opio para hacer más llevadero el final y, sobre todo, porque antes de salir dio su diario a su compañero Wilson para que este lo entregara a su madre. Aunque por la canción de WarCry podría parecer que sus cartas iban dirigidas a su esposa, lo cierto es que toda la correspondencia que mantuvo Oates a lo largo de su viaje, y todo cuanto escribió en su diario, iba dirigido a su madre.

Fue precisamente Wilson quien hizo las últimas anotaciones en aquel diario: «Este es un final triste para nuestra empresa. […] Jamás había presenciado tanta valentía como la que demostró él en todo momento, aun con los dos pies congelados… jamás se quejó del dolor. Fue todo un ejemplo. Estimada señora Oates, al final me pidió que la visitara y le llevara su diario. También me pidió que le dijera que usted es la única mujer a la que quiso en su vida».

Efectivamente, sus compañeros eran conscientes de sus intenciones, pero también sabían que intentar detenerlo habría supuesto alargar su agonía y, muy probablemente, provocar su propia muerte. Lo que no sabían era cuál sería el desenlace para ellos.

Tan solo dos días después, el 29 de marzo de 1912, murieron los demás integrantes de la expedición: Henry Bowers, el capitán Robert Scott y Edward Wilson, que no pudo completar la misión que le había encargado Oates.

Tumba de Wilson, Bowers y Scott. Fuente: Wikipedia.

Algunas de las últimas anotaciones de Scott en su diario aun resultan estremecedoras:

«Nos hemos arriesgado, conscientes de lo que hacíamos; las cosas no han salido como esperábamos pero no podemos quejarnos, sino someternos a la voluntad de la providencia, procurando luchar hasta el final. Pero si nosotros hemos sido capaces de entregar nuestras vidas a esta empresa, para ensalzar el honor de nuestro país, debo apelar a mis compatriotas para que cuiden bien de aquellos que dependen de nosotros.

De haber sobrevivido, habría podido explicar una historia sobre la audacia, la resistencia y el coraje demostrados por mis compañeros, que habría conmocionado a todos los habitantes de Inglaterra. Estas notas improvisadas y nuestros cuerpos inertes contarán parte de la historia, pero sin duda, un país grande y rico como el nuestro será capaz de cuidar de aquellos que dependen de nosotros.

R. Scott».

Bibliografía:

Fiennes, R. (2003). Capitán Scott. Juventud.

Huntford, R. (2002). El último lugar de la Tierra. La carrera de Scott y Amundsen hacia el Polo Sur. Península.

Jones, M. (2005). La última gran aventura. El sacrificio del capitán Scott en la Antártida. Oberon.

Cacho, J. (2013). Shackleton, el indomable. El explorador que nunca llegó al Polo Sur. Forcola.

Cacho, J. (2017). Amundsen-Scott: duelo en la Antártida. Forcola.

Otras canciones que hablan de Lawrence Oates:

Héroes de la Antártida, de Mecano.

A Gallant Gentleman, de We Lost The Sea (aunque no tiene letra, el título extraído de la pintura de Dollman deja claro que se trata de un homenaje a él).

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