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La banda sonora de una revolución: La Revolución de los Claveles

Eran las 22:55 del día 24 de abril de 1974 cuando en la radio portuguesa comenzó a sonar «E depois do Adeus» interpretada por Paulo Carvalho. De pronto, centenares de militares comenzaron a tomar posiciones en distintos puntos del país, acababa de dar comienzo la Revolución de los Claveles.

Muchos años antes de que aquella canción sonase en las radios portuguesas, en 1926, en Portugal se había impuesto una dictadura militar que pretendía resolver la crisis económica e inestabilidad política a través de un gobierno de tecnócratas en el que António de Oliveira Salazar había sido nombrado ministro de Finanzas. Sin embargo, este ministro poco a poco había ido haciéndose con más y más competencias a fuerza de todo tipo de chantajes, hasta que en 1932 logró ser designado primer ministro.

Deseoso de establecer una dictadura personal y con mayor estabilidad política, Salazar articuló todo un sistema basado en una constitución, la de 1933, que le daba a él prácticamente todos los poderes y que imponía un sistema de partido único, la Unión Nacional fundada por el propio Salazar, a imitación del modelo fascista italiano. Nacían así el llamado Estado Novo y el salazarismo que rigieron Portugal durante más de cuarenta años. De hecho, la dictadura portuguesa fue la más longeva de las dictaduras de Europa occidental, pues gozó de una gran estabilidad durante prácticamente todo el mandato de Salazar.

António de Oliveira Salazar fotografíado en 1940. Fuente: Wikimedia.

Sin embargo, la dictadura sobrevivió al propio Salazar, que perdió la vida en 1968, tomando el relevo un nuevo político, Marcelo Caetano, que trató de mantener vivo el Estado Novo creado por su predecesor. Pero todo tocaría a su fin el día en que sonase por la radio aquella canción… «E depois do Adeus».

Aquella canción había representado a Portugal en el Festival de Eurovisión celebrado apenas unas semanas antes en Brighton (Reino Unido). Aunque el tema había quedado en último lugar empatado con otros tres países, el destino le había reservado un papel mayor en la historia del que cabía imaginar hasta ese momento. Y es que la canción era en realidad una señal que habían consensuado los soldados partidarios de derrocar la dictadura para comenzar una insurrección pacífica que diera inicio a un proceso democrático. Era la señal para estar prevenidos.

Al haber participado poco tiempo antes en el festival y estar tan de moda, la canción emitida por Emissores Associados de Lisboa, pasó completamente desapercibida a los oídos de las autoridades. Pero quienes sabían que se trataba de algo más que una canción se pusieron en marcha.

La segunda señal llegó apenas dos horas después, y de nuevo en forma de una canción emitida por una radio, concretamente Rádio Renascença, la radio de la Iglesia Católica en Portugal. El tema que sonó fue «Grândola, Vila Morena», y a diferencia del primero, este no pasó desapercibido porque se trataba de una canción expresamente prohibida por el régimen. «Grândola, Vila Morena» era una canción del cantautor José Afonso, también conocido Zeca Afonso, perseguido por las autoridades salazaristas por sus ideas progresistas contrarias a la dictadura.

La letra de la canción se compuso como un homenaje a la Sociedad Musical Fraternidad Operaria Grandolense, del municipio de Grândola, al sur de Portugal. José Afonso quedó impresionado por los principios de solidaridad e igualdad del lugar y quiso dejarlos por escrito. Sin embargo, el régimen tachó el tema de comunista y procedieron a su censura.

Grândola, Vila Morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade

Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, Vila Morena

Em cada esquina, um amigo
Em cada rosto, igualdade
Grândola, Vila Morena
Terra da fraternidade

Terra da fraternidade
Grândola, Vila Morena
Em cada rosto, igualdade
O povo é quem mais ordena

À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola, a tua vontade

Grândola, a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

Pero existían más motivos por los que fue esa la canción escogida por los militares demócratas: poco antes del levantamiento militar, a finales de marzo de 1974, la cantante de fado Amalia Rodrigues, cerró un concierto en Lisboa con este tema ignorando la prohibición, y entre el público se encontraban algunos oficiales del Movimento das Forças Armadas, la organización clandestina crada por los militares contrarios al régimen que encabezó el golpe militar de 1974. Impresionados por el gesto y la canción, ese mismo día el Movimento das Forças Armadas decidió adoptarla como contraseña para el levantamiento que estaban preparando.

Amalia Rodrigues durante una actuación en 1969. Fuente: Wikimedia.

Convencer a los gestores del programa radiofónico Limite de Rádio Renascença de quebrantar la ley emitiendo una canción prohibida resultó fácil, pues también ellos eran contrarios a la dictadura y partidarios de la apertura de un proceso democrático. Así, la madrugada del 25 de abril, a las 00:20 la voz de José Afonso entonó su tema en las radios portuguesas. Y al son de la canción prohibida, los militares salieron a las calles para tomarlas y tomar posiciones en puntos estratégicos de Lisboa. Aunque ellos mismos pidieron a la población civil que no saliera de sus casas, el pueblo ignoró su petición y comenzó a sumarse y mezclarse con los militares con sus claveles como símbolo de aquel movimiento pacífico.

Mujer poniendo un clavel en el cañón del rifle de un militar. Fuente: lareplica.es.

La, a partir de entonces, conocida como Revolución de los Claveles se convirtió en uno de los mayores ejemplos de insurrección pacífica y democrática de la historia de la humanidad, y «Grândola, Vila Morena» se coreó en distintos momentos del proceso y en distintos puntos de la ciudad, asociándose el final de la dictadura y la asunción de la democracia en Portugal. Tanto es así, que en la actualidad «Grândola, Vila Morena» se ha convertido en un himno democrático que ha trascendido aquel acontecimiento y las fronteras portuguesas y cada cierto tiempo podemos volver a escucharla en distintas manifestaciones y movimientos pacíficos.

Referencias

  • Carcedo, Diego (1999). Fusiles y claveles. La Revolución del 25 de abril en Portugal. Temas de Hoy.

Al alba – Los últimos ejecutados del Franquismo

Al alba es una canción original del cantautor recientemente fallecido Luis Eduardo Aute. Aunque él la interpretó en varios álbumes y directos, sus versiones a cargo de otros artistas como Rosa León (para quien fue escrita originalmente) o José Mercé son, probablemente, más conocidas.

Aute y Rosa León en 1974. Fuente: Imagen recortada de la Agencia EFE.

Aunque tradicionalmente se ha atribuido a esta canción una relación con las últimas ejecuciones llevadas a cabo por el régimen franquista. Lo cierto es que el propio Aute negó que se escribiera con ese significado. De hecho, la primera grabación de la canción data de 1974, el año antes de que se realizasen los fusilamientos. En distintas entrevistas, como la que concedió a El Español en 2016, reconoció que en realidad era una canción de amor sin ningún significado político, que había intentado previamente escribir una canción contra la pena de muerte y no lo había conseguido. En realidad fue precisamente Rosa León la que encontró en la letra ciertos paralelismos, y por ello la dedicó durante un concierto en 1975 a los protagonistas de la historia de hoy en un momento especialmente delicado para la historia de España. Pero ¿de qué estamos hablando? ¿Cuál era ese contexto? ¿Quiénes fueron esos últimos ejecutados?

Los antecedentes

En los últimos años de la dictadura franquista, la actividad terrorista experimentó un ascenso de mano de grupos como ETA, el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), los Guerrilleros de Cristo Rey o la Triple A. Fue la actividad de estos grupos terroristas la que llevó al régimen a promulgar una nueva Ley Antiterrorista en agosto de 1975, mucho más dura que la anterior y que se englobaba dentro de la política de endurecimiento que aplicó la dictadura en sus últimos años.

En virtud de este nuevo texto, todos los procesos terminaron en consejos de guerra ordinarios y sumarísimos que se celebraron a mediados de septiembre en Burgos, Madrid y Barcelona, y de los que resultaron varios condenados a muerte. Décadas después, testigos de los procesos y familiares de los jueces reconocerían públicamente haber recibido muchas presiones para que ese fuera el resultado, y sacaron a la luz torturas y todo tipo de irregularidades cometidas durante los procesos. Algunas de esas torturas fueron relatadas por los condenados en sus cartas, y algunos de ellos mantuvieron hasta el último momento su inocencia.

¿Quiénes eran los condenados a muerte?

En los procesos fueron muchos los simpatizantes y miembros de ETA y el FRAP los que pasaron por el banquillo, pero finalmente la sentencia a muerte afectó a once:

José Antonio Garmendia Artola y Ángel Otaegui Etxebarria, miembros de ETA condenados a muerte por un atentado terrorista que acabó con la vida de un guardia civil en abril de 1974.

José Antonio Garmendia Artola y Ángel Otaegui Etxebarria, miembros de ETA condenados a muerte por un atentado terrorista que acabó con la vida de un guardia civil en abril de 1974.

Manuel Cañaveras de Gracia, Concepción Tristán López, María Jesús Dasca Pénelas, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, miembros del FRAP, fueron condenados a muerte por el asesinato de un guardia civil en Madrid.

Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar y José Humberto Baena Alonso, militantes del FRAP, fueron condenados a muerte por un atentado contra un policía también en Madrid.

En las semanas siguientes a los procesos, el régimen atendió a las peticiones de conmutación de penas a muerte por penas de prisión de seis de ellos, de forma que finalmente serían ejecutados cinco: Ángel Otaegui, Juan Paredes Txiki, José Luis Sánchez, Ramón García y José Humberto Baena.

Portada de La Stampa italiana del sábado 27 de septiembre de 1974 que casualmente emplea la expresión “Al Alba”.

Aquel septiembre de 1975 la noticia de las inminentes ejecuciones trascendió las fronteras españolas, y de ellas se hicieron eco periódicos, radios y televisiones de todo el mundo. En distintas ciudades de Europa, Estados Unidos y América Latina se sucedieron protestas pidiendo clemencia para los condenados. Quince países retiraron a sus embajadores, presidentes como el de México o el de Suecia pidieron directamente a Franco que se les perdonase la vida, e incluso México pidió la expulsión de España de la ONU. También el papa Pablo VI pidió clemencia junto a todos los obispos españoles, como también lo hicieron Juan de Borbón e incluso el hermano del Caudillo, Nicolás Franco.

El 26 de septiembre de 1975 se reunió el Consejo de Ministros durante tres horas y media y acordaron ignorar la presión internacional y llevar a cabo las ejecuciones previstas para la mañana del día siguiente.

La ejecución

De vuelta a los versos de Aute, sería realmente absurdo tratar de hacer un análisis pormenorizado de la canción a sabiendas de que se compuso sin relación alguna con las ejecuciones. Sin embargo, atendiendo a la letra de Al alba se hace difícil no pensar que no se escribiera originalmente para describir las circunstancias de los presos en aquella noche entre el 26 y el 27 de septiembre de 1975.

Si te dijera, amor mío,
Que temo a la madrugada,
No sé qué estrellas son estas
Que hieren como amenazas,
Ni sé qué sangra la luna
Al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche
Vendrá la noche más larga,
Quiero que no me abandones
Amor mío, al alba.

Los hijos que no tuvimos
Se esconden en las cloacas,
Comen las últimas flores,
Parece que adivinaran
Que el día que se avecina
Viene con hambre atrasada.

Miles de buitres callados
Van extendiendo sus alas,
No te destroza, amor mío,
Esta silenciosa danza,
Maldito baile de muertos,
Pólvora de la mañana.

Esa referencia a la noche, el temor a la madrugada e incluso la pólvora de la mañana. Tanto parece relacionarse con las ejecuciones, que precisamente uno de los versos del estribillo (vendrá la noche más larga), sirvió para titular una película sobre ellos: La noche más larga (1991), dirigida por José Luis García Sánchez.

Portada de ABC el día 27 de septiembre de 1975. Fuente: Hemeroteca de ABC.

Todos ellos fueron ejecutados la mañana del sábado 27 de septiembre de 1975 en un camino forestal de Barcelona uno, en la cárcel de Burgos otro y en el campo de tiro militar de Madrid los otros tres. Los verdugos fueron policías y guardias civiles voluntarios, y además otros voluntarios acudieron para jalear según confesó un cura testigo de las tres ejecuciones de Madrid. Al parecer, la noche antes, Franco pidió que no lo despertaran bajo ningún concepto la mañana de aquel sábado.

Curiosamente, en una de las cartas de despedida que redactaron los condenados, Baena escribió unas palabras que supuestamente había pronunciado en el juicio: «que mi muerte sea la última que dicte un tribunal militar».

¿Fueron los últimos condenados a muerte?

Sí, sin duda estos cinco fueron los últimos condenados a muerte por el franquismo, y también los últimos de España, aunque la pena de muerte no sería abolida definitivamente hasta la aprobación de la Constitución de 1978 en materia civil, y en 1995 desaparecería también del código penal militar.

Sin embargo, a menudo aparecen publicaciones en periódicos, blogs y demás que hacen alusión a otras personas ejecutadas en distintas circunstancias durante los últimos años del franquismo y se habla de ellas como los últimos ejecutados o condenados a muerte. ¿Quiénes son?

Entre estas personas destacan Salvador Puig Antich, anarquista involucrado en un tiroteo que acabó con la vida de un policía, y Heinz Chez, sobrenombre de Georg Michael Welzel, autor de un asesinato sin motivaciones políticas aparentes. Ambos fueron ejecutados el 2 de marzo de 1974 y fueron los últimos condenados a muerte por medio del garrote vil. A partir de entonces las ejecuciones se llevarían a cabo a través de fusilamientos.

Y la considerada como última víctima mortal del régimen fue Javier Verdejo Lucas, militante de la Joven Guardia Roja de España, que murió el 14 de agosto de 1976, casi un año después de los protagonistas de esta historia, pero a diferencia de ellos no pasó por juicio alguno, sino que fue tiroteado por un guardia civil al ser descubierto realizando un grafiti.

Tras las ejecuciones

Al día siguiente, el régimen organizó una concentración en la plaza de Oriente de Madrid que pretendía transmitir una imagen de apoyo a la dictadura ante la opinión extranjera. De forma que la multitud legitimara la decisión tomada.

Lo que no sabía el franquismo era que al firmar aquellas condenas a muerte había firmado en buena medida la suya propia. Aquello fue la puntilla que decantó definitivamente la posición de la comunidad internacional en el proceso que se abriría apenas un par de meses después con la muerte del propio Francisco Franco, la Transición española.

Versiones del tema

Rosa León (versión original)

Aute (autor del tema)

Ana Belén

Mecano

José Mercé

Zahara y Fernando Lobo

Eco (grupo de metal)

Bibliografía:

Baby, S. (2018). El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982). Akal.

Fontana, J. (1986). España bajo el franquismo. Crítica.

Preston, P. (2017). Franco. Caudillo de España. Debolsillo.

Sánchez Soler, M. (2018). La transición sangrienta. Una historia violenta del proceso democrático en España (1975-1983). Atalaya.

Tusell, J. (2007). La transición a la democracia (España, 1975-1982). Espasa.

Álvarez, R. J. (27/01/2019). «44 años de las últimas ejecuciones del franquismo: “Mi padre era el juez y recibió instrucciones de muy arriba para fusilarlos”». El Mundo.

Amestoy, I., y Pozo, D. (23/01/2016). «Luis Eduardo Aute: “La Transición que se pactó entre vencedores y vencidos está agonizando”». El Español.