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1755 – Moonspell y el terremoto de lisboa

Era la mañana del 1 de noviembre cuando un gran temblor de tierra sacudió la capital portuguesa. Tronó un sonoro ruido sordo que hizo crujir los edificios y, tras él, se hizo el silencio. Aquellos poco más de seis minutos se hicieron eternos para los lisboetas. Pero no sabían que lo peor estaba por llegar.

Portada del disco de Moonspell ‘1755’ (2017). Fuente: Wikipedia.

El terremoto de Lisboa está considerado por muchos la primera gran catástrofe de la era moderna y uno de los mayores temblores de tierra de la historia de la humanidad. Tal fue la trascendencia del suceso, que la banda portuguesa de heavy metal Moonspell decidió dedicarle en 2017 no una canción, sino un disco conceptual completo. Se trata además de algo singular en la trayectoria de este grupo, pues está prácticamente en su integridad escrito en portugués, tan solo algunas frases en latín y en castellano rompen la dinámica. Destacamos esto porque hasta ese momento Moonspell había trabajado casi exclusivamente en inglés. Además, otra novedad es que en este álbum cuentan con la participación de artistas ajenos al mundo del metal como Paulo Bragança, cantante de fado (aunque Moonspell ya había tenido alguna experiencia con el fado que comentaremos en otro momento).

Abanão a terra treme: el terremoto

Nao, nao deixara pedra sobre pedra

Nao, nao restara ninguem sobre e terra

Uma cidade perdida e sete mares num so

Estos son versos extraídos de la segunda canción del undécimo disco de la banda de heavy metal portuguesa Moonspell. Canción y álbum tienen el mismo título: 1755. Ese fue el fatídico año en que tuvo lugar el desastre al que aludimos.

Vistas de Lisboa desde el Castelo do Sao Jorge. Fuente propia.

Había amanecido un apacible y soleado Día de Todos los Santos, pero a las 9:35 exactamente la tierra vibró bajo Lisboa. A aquel primer temblor le siguieron dos más en un intervalo de apenas unos minutos, y a lo largo de la mañana se sucedieron dos réplicas más. El segundo temblor, mucho mayor que el primero, agrietó las fachadas de iglesias y palacios, derribó techumbres y muros de viviendas, y abrió las calles con grietas de varios metros de ancho. Tras el tercer temblor el silencio fue aún más aterrador que el propio rugido de la tierra. Para entonces una espesa nube de polvo había cubierto ya las ruinas de la ciudad.

Posteriormente se estimaría la magnitud del terremoto en un 9 en la escala Richter, aunque no es una medida oficial, ya que sería precisamente este seísmo de 1755 el que daría origen a la sismología como ciencia: en los años siguientes científicos como John Bevis o John Michell abrieron el camino a esta disciplina con estudios basados precisamente en el terremoto de Lisboa.

A ferro e a fogo: el incendio

Tras aquellos tres primeros temblores, cuando parecía que llegaba el momento de ponerse en pie y tratar de salvar lo que se pudiera, la gran nube de polvo que cubría la ciudad se vio salpicada por las luces de fogatas repartidas aquí y allá. En apenas unos minutos, los restos de la ciudad estaban siendo devorados por un inmenso incendio.

En la actualidad son muchos los estudios que coinciden en responsabilizar al incendio posterior de la mayor parte de los destrozos en la ciudad. Pero, ¿por qué un incendio de tal magnitud tras el terremoto?

Parece lógico pensar que tras un terremoto en el siglo XVIII se pudiera desatar un incendio a causa de la iluminación a base de velas, pero es que además debemos recordar que el seísmo se produjo la mañana del 1 de noviembre, cuando iglesias e incluso viviendas estaban plagadas de velas en recuerdo a los difuntos con ocasión de la festividad de Todos los Santos. Al final, como dice la penúltima canción del disco, Todos os santos:

Apesar da matança

Dos corpos caídos

Que decoram as colinas

Faz dia em Portugal!

Lanterna dos afogados: el tsunami

Por miedo a las llamas y nuevos temblores, algunos supervivientes emprendieron la huida buscando refugio en el puerto y en cuevas próximas al estuario del Tajo. Pero hacia las once de la mañana, justo antes de que se produjera una nueva réplica, pudieron observar cómo las aguas empezaban a retroceder. El Atlántico se alzó como un muro frente a las costas lusas. Aquella pared de agua avanzó de forma violenta, asolando con todo cuanto encontró a su paso desde Cascais hasta la propia Lisboa.

El tsunami llegó con tres olas sucesivas de gran altura, y su impacto arrasó los muelles y la parte más baja de la ciudad. Según los expertos, este maremoto se debió a que el epicentro del terremoto debió situarse en el Atlántico, a unos 200 kilómetros al suroeste del cabo San Vicente, en la falla Azores-Gibraltar, aunque resulta muy difícil establecer un punto exacto.

A las aguas y sus víctimas se refieren varios versos a lo largo del disco, pero es la última canción la que se dedica a ellos por completo: Lanterna dos afogados. Es la única canción que no es original de Moonspell, sino que es obra del grupo de rock brasileño Os paralamas do suceso.

Uma cidade perdida: los destrozos

Os escombros da terra

O fogo que inunda

A água que queima

A cinza no ar

Escombros da terra, ruínas

La canción Ruínas expone así de bien el panorama de Lisboa tras la catástrofe: una ciudad perdida. Tierra, fuego y agua parecían haberse confabulado para asediar la ciudad aquel día. Entre los propios temblores, el incendio y el maremoto las víctimas mortales se cifran entre los 12.000 en las estimaciones más optimistas, y las 60.000 e incluso las 100.000 de las más pesimistas (pero también las más aceptadas). El terremoto arrasó por completo la ciudad, capital de un imperio importantísimo para comprender la Edad Moderna no solo europea sino mundial. Se estima que los daños rondaron el 90% de edificios de Lisboa, sobre todo a causa del incendio posterior. La mayor parte de las iglesias fueron destruidas, así como los archivos e incluso el Palacio Real.

Aunque Lisboa era una ciudad próspera y muy rica, capital de un imperio comercial, lo cierto es que la mayor parte de las riquezas se concentraban precisamente en esa ciudad, la pérdida de una capital así suponía perder todo un Imperio. Y esto venía a ocurrir precisamente en un momento en que las compañías británicas empezaban a monopolizar el comercio con América en detrimento de los intereses portugueses y españoles.

Renasce Lisboa: la reconstrucción

Rebentam, as águas

Um sinal dos tempos

E nasce a nova lisboa

No primeiro de novembro!

Renasce lisboa

Sin embargo, el terremoto marcaría el inicio de una nueva etapa para la historia de Portugal. Fernando Ribeiro, vocalista y letrista de Moonspell señala en el séptimo título del disco, 1 de novembro, que renace Lisboa, pero renace también Portugal, pues el impacto del seísmo trascendía los límites de la ciudad e incluso del Imperio.

El responsable de perfilar la recuperación sería Sebastião José de Carvalho e Melo, más conocido como el Marqués de Pombal, a la sazón primer ministro del país por encargo del rey José I.

Desde el primer momento había sabido tomar las riendas de la situación y empezó a marcar personalmente las directrices a cuerpos de bomberos, sanitarios y demás. De hecho, a día de hoy se siguen publicando estudios acerca de su figura como el iniciador de estrategias de comunicación y respuesta ante situaciones de crisis. Por ejemplo, se valora mucho su acierto al priorizar la sepultura de las víctimas para evitar que a los daños se pudiera sumar una epidemia: Enterrem-se os mortos, alimente-se os vivos (enterrad a los muertos y alimentad a los vivos), es una de las directrices que dio el ministro y así aparece citada en la canción Evento, sexto tema del álbum.

‘El Marqués de Pombal mostrando la reconstrucción de Lisboa’, cuadro del pintor francés Louis-Michel van Loo. Fuente: Wikipedia.

El Marqués de Pombal es la persona que mejor personifica el despotismo ilustrado en Portugal. Su gobierno significó la renovación total de Lisboa y tuvo la capacidad de convertir la catástrofe en una oportunidad para crear un proyecto urbanístico mucho más práctico.

Deus culpado: la culpa de Dios

É já deus quem nos mente

Culpado, culpado, culpado

És apenas um homem

Um escravo de Deus

Autor do desastre

Son varias las canciones del disco que aluden a Dios, pero en estos versos de la cuarta canción del disco, Desastre, se llega incluso a señalar a Dios como responsable del suceso. Y esto no es gratuito: las consecuencias del terremoto no fueron únicamente materiales. 

Debemos aquí recordar que la catástrofe tuvo lugar en pleno auge de la Ilustración, y algunos pensadores de la talla de Voltaire se hicieron eco del acontecimiento (Poema sobre el desastre de Lisboa y Cándido) y llegaron a plantear un debate teológico en torno a la idea de la bondad de Dios: ¿puede un Dios infinitamente bondadoso permitir la destrucción y el sufrimiento? A juicio de autores actuales, el terremoto de Lisboa serviría de paradigma a muchos de los pensadores para comenzar un proceso de “descristianización” ilustrada e incluso de un incipiente ateísmo.

El terremoto de Lisboa de 1755 fue un acontecimiento trascendental y no solo por los daños causados: alteró por completo el aspecto de la ciudad de Lisboa para convertirla en lo que es hoy, produjo cambios de calado en la ciencia y supuso el acta de nacimiento de la sismología como disciplina de conocimiento, sirvió de base para debates filosóficos y teológicos que aún hoy siguen abiertos… y, sin embargo, no parece que abunden las publicaciones en torno a este suceso, al menos no de naturaleza histórica, pues la mayor parte de las escasas publicaciones las realizan científicos y filólogos.

Así que no podemos sino agradecer a Moonspell que rescatase este episodio de la historia para dedicarle un álbum completo a aspectos tan diversos como el miedo, la religión, la política y demás, todos ellos vinculados a la catástrofe. 

Bibliografía:

Alberola Romá, A. (2005). “El terremoto de Lisboa en el contexto del catastrofismo natural en la España de la primera mitad del siglo XVIII”. Cuadernos dieciocho, 6, 19-42. Universidad de Salamanca.

Escalante, F. (2000). “Voltaire mira el terremoto de Lisboa”. Cuadernos hispanoamericanos, 600. Agencia Española de Cooperación Internacional.

Kendrick, T. D. (1956). The Lisbon Earthquake. Methuen & co.

Peñalta Catalán, R. (2009). “Voltaire: una reflexión filosófico-literaria sobre el terremoto de Lisboa”. Revista de Filología Románica, 26, 187-204. Universidad Complutense.

Enlaces de interés:

El disco completo se puede escuchar en el canal oficial de Moonspell en YouTube.

Shiroyama – Sabaton y el último samurái

Cuenta la leyenda que la noche del 23 de septiembre de 1877, un grupo de personas, bajo una brillante luna, bebieron, cantaron y compartieron poemas sobre guerra, honor y muerte. A la mañana siguiente, los últimos samuráis eran definitivamente derrotados en Shiroyama y la rebelión de Satsuma llegaba a su fin.

Inspirados por esta historia, la banda sueca Sabaton compuso la canción de Shiroyama en la que se narra esta última batalla que significó la desaparición de los samuráis como clase social. La canción se incluye en su octavo álbum de estudio, publicado en 2016, llamado The Last Stand. Se trata de un álbum conceptual en el que, literalmente, se cuenta «la historia de un extraordinario acto de desafío por parte de una unidad militar superada en número o sin armamento». En el caso que nos atañe, esta última resistencia no es solo un acto militar remarcable sino que es la defensa del modo de vida samurái frente a la occidentalización del país que se empezó a desarrollar en la conocida como la Restauración Meiji.

Antes de adentrarnos en la canción de Sabaton es necesario realizar unos apuntes sobre el contexto histórico que precede al trágico final de Shiroyama. Nos trasladamos así a 1854, año en el que se firmó el tratado de Kanagawa entre Japón y Estados Unidos que ponía fin a la política aislacionista del estado nipón. Esta situación mostró a la sociedad japonesa el atraso que tenían con respecto a otras potencias y el prestigio del shogunato quedó en entredicho. Este fue el caldo de cultivo para una guerra entre tradicionalistas y modernistas que acabó con la victoria de los partidarios de la modernización del país para poder constituirse como una nueva potencia. La restauración se llevó a cabo en 1868 y en ella se restituyó el poder del emperador Mutsuhito que, con anterioridad, había tenido un mero papel simbólico.

It’s the nature of time

That the old ways must give in

It’s the nature of time

That the new ways comes in sin

En estas primeras estrofas, Sabaton nos pone en la tesitura de que lo nuevo ha entrado en contacto con lo antiguo, y que lo tradicional acabará por sucumbir ante el avance natural. ¿Cómo se produjo este acontecimiento en Japón? En un principio, los que apoyaron la modernización del país dieron por sentado que la restauración del poder imperial serviría para lograr un país más moderno, capaz de competir con el resto del mundo pero no se atendió a la posibilidad de que estos cambios pudieran trastocar la sociedad tradicional japonesa.

Unos cambios que se realizaron a través de medidas entre las que hay que destacar la más drástica de ellas, que no fue otra que la abolición de la clase samurái. Esto se hizo rápidamente a través de reformas como la supresión de los feudos en favor de las prefecturas, controladas por el gobierno central y en propiedad del mismo, así como el cambio en el status social de la clase samurái. En un principio, el modo de vida de los daimyôs y samuráis que auparon esta restauración del poder imperial no sufrió cambios, pues pronto formaron parte del nuevo gobierno. Sin embargo, el estado comenzó a adoptar medidas sociales encaminadas a minar los privilegios y, con ello, la influencia de la clase samurái sobre el resto de la sociedad. Estas medidas incluso afectaron a la vestimenta, el lenguaje y la cultura, resultando una verdadera afrenta a las tradiciones japonesas.

Mapa de Japón. En Rojo la prefectura de Kagoshima, en verde la de Tokio. Mapa retocado de absolutviajes.com

When the new meets the old

It always end the ancient ways

And as history told

The old ways go out in a blaze

Encircled by a vulture

The end of ancient culture

The dawn of destiny draws near

Sabaton muestra en estas líneas que las antiguas costumbres se apagan de manera drástica y que la antigua cultura se encuentra rodeada y atacada por «lo nuevo». Ciertamente, el final del mundo samurái ocurrió de forma violenta y rápida. Es en este punto en el que hace aparición nuestro protagonista, Saigô Takamori.

Saigô fue uno de los generales que apoyaron la restauración Meiji e incluso formó parte del gobierno hasta que, en 1873, debido a una serie de desavenencias políticas, decidió retirarse al antiguo feudo de Satsuma, ahora conocido como prefectura de Kagoshima, y fundar una academia militar. En estas academias se estaba entrenando a un ejército privado fiel a Satsuma y pronto saltaron las alarmas en la corte imperial. Esta preocupación no era en vano, pues el dominio de Satsuma había resultado vital para la restauración del poder imperial y en él se encontraba un verdadero arsenal militar. El gobierno central decidió que ese arsenal debía ser trasladado a Osaka y se realizó una operación secreta nocturna que fue frustrada por los guerreros de la provincia.

Cuando ocurrió este incidente Saigô se encontraba fuera de la provincia y al volver se encontró con un territorio en crisis en el que corría el rumor de que el gobierno central quería asesinarlo e intervenir militarmente en la zona. Además, en el fondo, también estaban las cuestiones acerca del modo de vida samurái que estaba siendo destruido.

Por estos motivos, en febrero 1877, el ejército de Satsuma se organizó y comenzó la expedición hacia Tokio para protestar ante el emperador por lo que él consideraba un gobierno corrupto y amoral. Hay que destacar que su lealtad estaba con el emperador y detestaba convertirse en un rebelde hacia un gobierno que él mismo ayudó a construir. Sin embargo, debido a las afrentas de Tokio decidió partir hacia allí para luchar contra los verdaderos enemigos del emperador.

En el camino se realizó un asalto al castillo de Kumamoto que resultó un fracaso. Con ello, las expectativas de llegar a Tokio quedaban truncadas y la rebelión comenzaba a diluirse. El ejército imperial se hizo fuerte con la derrota de Saigô y los arrinconaron en la colina de Shiroyama.

Imperial force defied, facing 500 samurai

Surrounded and outnumbered

60 to 1, the sword face the gun

Bushido dignified

It’s the last stand of the samurai

Surrounded and outnumbered

El estribillo de esta canción muestra el resultado final de esta campaña militar que se saldó en la colina Shiroyama. Allí, un grupo de unos cientos de samuráis tomaron posiciones alrededor de la cresta y fueron rodeados por un ejército de alrededor de treinta mil efectivos. Las fuerzas imperiales comenzaron un bombardeo constante de artillería.

An offer of surrender

Saigo ignore contender

The dawn of destiny is here

La leyenda cuenta que el 23 de septiembre el general imperial Yamagata envió una carta a Saigô instándole a abandonar su lucha. Un mensaje en el que alababa el honor demostrado a través de su valiente lucha y en el que no se ofrecía clemencia ni una rendición al uso. Como bien describe Sabaton, Saigô ignoró la oferta y el ejército imperial se preparó para el asalto final que tendría lugar a la mañana siguiente.

Sin posibilidades de victoria, los supervivientes lanzaron una carga colina abajo bajo un fuego intenso en la que Saigô resultó gravemente herido. Tras esto, fue retirado del campo de batalla y se alejó a un lugar tranquilo para cometer seppuku, el suicidio ritual por desentrañamiento de los samuráis. Este acto es controvertido porque no se encontraron heridas en el abdomen de Saigô. Sin embargo, se sabe que su segundo, Beppu Shinuske, decapitó a Saigô y escondió su cabeza.

Ilustración japonesa de la carga samurái frente al ejército imperial. Saigô aparece en el centro, con vestiduras rojas, montado sobre un caballo beige.
Fuente: Wikipedia.

Until the dawn they hold on

Only 40 are left at the end

None alive, none survive

Shiroyama

Tras la muerte de Saigô, solo quedaban vivos unos cuarenta samuráis que decidieron cargar contra el ejército bajo el fuego enemigo y morir. De esta forma la rebelión de Satsuma llegaba a su fin y con ella morían los valores de los samuráis.

Esta rebelión se considera la verdadera guerra a la que tuvo que hacer frente la Restauración Meiji. Se tardó alrededor de seis meses en sofocarla y las pérdidas humanas fueron cuantiosas. El fracaso de las rebeliones samuráis se produjo por su propia concepción del mundo y la nula cooperación entre ellos. Como resultado, el gobierno pudo encargarse de cada revuelta de forma individual.

Más tarde, Saigô fue perdonado de forma póstuma por el emperador y se convirtió en un héroe nacional, que representaba los valores de los samuráis y la cultura japonesa. Debido a ello, a día de hoy, la visión que se tiene de Saigô Takamori no es la de un mero samurái, sino un mito que se ha trasladado a la literatura, al arte, al cine y, en este caso, a la música. Lo cual es significativo pues en el imaginario popular se conoce a Saigô como «el último samurái».

Izquierda: Estatua de Saigô con el uniforme militar imperial. Shiroyama (Kagoahima). Fuente: nippon.com
Derecha: Estatua de Saigô vestido con ropa tradicional. Parque Uedo (Tokio). Fuente: gotokio.org

Bibliografía:

Buck, J. H. (1973). The Satsuma Rebellion of 1877. From Kagoshima Through the Siege of Kumamoto Castle. Monumenta Nipponica, 28(4), 427-446.

Harootunian, H. D. (1959). The Progress of Japan and the Samurai Class, 1868-1882. Pacific Historical Review, 28(3), 255-266

Jansen, M. B. (2002). The Making of Modern Japan. Harvard University Press.

Mounsey, A. H. (1879). The Satsuma Rebellion: An Episode of Modern Japanese History ; with Maps. J. Murray.

Turnbull, S. (2011). Samurai: The World of the Warrior. Bloomsbury Publishing.

Enlaces de interés:

Shiroyama Official Lyric Video

Página oficial de Sabaton